16 de febrero de 2016 21:11

El deporte es el refugio de dos luchadoras

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Paola Gavilanes

Cuando una persona está deprimida, con problemas… las recomendaciones de la gente más cercana, por lo general, suenan a: “sal de casa”, “divierte con amigos”, “viaja”… Todo eso parece tan sencillo de ejecutar, pero solo quienes han pasado por situaciones dolorosas saben que no es así de fácil.

La bloguera Cristina Maag es una de ellas. Cuando perdió a su padre – hace más de un año- se refugió en su familia, en Frontrow, su blog de moda; en sus amigos… Pero aunque encontró cierta calma, nada de eso fue suficiente.

Hasta hace cuatro meses se sentía al borde de la depresión. Fue entonces cuando acudió a su fiel amigo: el deporte, la alternativa que intensificó hace tres años para salir adelante tras la muerte de su hermano, del posterior deceso de su abuela, de un accidente de tránsito que casi le quita la vida.

"En ese momento prefería pensar en el dolor que me producía el ejercicio y no en el dolor de la pérdida". Con su padre sucedió algo distinto. “Sentí que la vida se me acabó”. En ese momento ni el deporte surtía efecto. “Entrenaba y después paraba”.

Después de varios intentos fallidos se dijo así misma: es hora de hacerlo, de retomar la actividad física, de la que se enamoró antes de que su hermano fallezca.

Es así como ya suma casi dos meses de entrenamiento. No fue fácil, tuvo que empezar desde cero. “Fue duro aceptar que no podía realizar los ejercicios que antes sí podía ejecutarlos”. Ni una sentadilla, dice entre risas.

De la extensa oferta, ella se inclinó por el Insanity. Antes, practicó CrossFit. Dice que le gustan los retos fuertes y considera que esas dos disciplinas le ofrecen la oportunidad de crecer, de avanzar, de sacar su mejor versión. Exhibiendo una amplia sonrisa, comenta orgullosa que ha bajado 52 centímetros en todo el cuerpo. Y va por más.

Maag es una mujer –30 años- que a pesar de los golpes que le ha dado la vida jamás se ha dado por vencida, y cuando ha caído, lo ha hecho para tomar fuerzas y aparecer con más brillo.

Huyendo de la idea de estudiar Administración de Empresas y con el deseo de estudiar música, Maag se ausentó del país por 10 años. Se convirtió en una trotamundos.

Así fue como llegó a Dubái, donde hace más de un año recibió la noticia de la muerte de su hermano. Él tenía epilepsia e inspirada en uno de sus seres más queridos se preparó para participar en una Media Maratón (21 kilómetros).

En esa ocasión corrió molesta, dolida. Ahora, tras retomar la actividad (se decidió el 26 de diciembre del 2015) lo hace sintiendo la presencia de su hermano y su padre.

La sensación de bienestar que el deporte le genera es única, por esa razón se entrena en la mañana y tarde. Ella es su propia profesora de Insanity, lo que representa más responsabilidad todavía porque siente que no puede fallarse y fallar a quienes inspira con su historia.

Akire encontró paz con yoga y meditación

Érika García, más conocida como Akire en sus redes sociales, es otra de las personas que se refugió en el deporte para vencer sus miedos y a las críticas de sus familiares.

Aunque es una persona muy fuerte, necesitaba de ese impulso, que solo encontró en el deporte, para demostrar a sus padres que puede trabajar en dos cosas al mismo tiempo: dar clases de mandarín y enseñar yoga.

El apego a esa disciplina milenaria, precisamente, fue la que le causó problemas con sus progenitores. En el 2006 sus padres la enviaron a China para que estudie el idioma. Ella cumplió con el deseo de sus padres, pero a la vez aprendió yoga, la ciencia con la que conquistó a 150 alumnos de diferentes edades.

Eso les disgustó a sus padres, pues según ella, querían que se entregara al 100% a la práctica del mandarín. En esos momentos de conflicto, Akire entraba a su dormitorio, meditaba hasta alcanzar un estado de paz.

Así fue como demostró a sus familiares los beneficios del yoga, ya que como muchos jóvenes podía optar por confrontar a sus padres de otras formas.

Akire tiene 23 años y con esa edad administra un negocio paralelo, en Tumbaco; da clases de yoga en la Universidad San Francisco de Quito, practica otras disciplinas como el paracaidismo y el Free Fly. Y todo el éxito conseguido se lo atribuye a la práctica del deporte. “El deporte saca lo mejor de ti y eso se puede aplicar en todos los aspectos de la vida”.

Con el paso de tiempo y refugiándose en la técnicas de meditación y yoga, Akire invitó a sus padres a una de sus clases. Después incluyó a sus hermanos y finalmente, fue por sus vecinos. Ahora, muchos de ellos son sus alumnos.

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