1 de January de 2013 00:01

El custodio que ha dedicado media vida al agua de Quito

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La sabiduría generada por el paso del tiempo y  por extensas y duras  jornadas de trabajo se plasma en la frase de Homero Muñoz: “Uno se acostumbra al frío del páramo  hasta el punto de que ya no se siente”.
No es exageración.  Su espacio de trabajo no es una oficina ubicada en alguna dependencia municipal en el Distrito Metropolitano.  Como  técnico  de  plantas de captación de agua, a diario, mira cómo  tenues rayos del sol  penetran entre las ramas y hojas de una espesa vegetación de polylepis,  también conocido como árbol de papel.


La mayor parte del tiempo la niebla desciende entre los senderos cubriendo totalmente la ruta de acceso y un extensa superficie de polylepis, almohadillas, pajonales  y arbustos.

La ‘oficina’ de Muñoz cubre una superficie de 960 hectáreas de la reserva ecológica Yanacocha,   una de las más altas ubicada al oeste del volcán Pichincha,   noroccidente de Quito.

Como funcionario de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable  y Saneamiento  ese  es su trabajo. En esa parte de la cordillera de los Andes, hay dos plantas de captación de agua.  

Muñoz, de 41 años, es uno de los custodios de líquido vital. Se encarga de la conservación, mantenimiento y limpieza de las plantas.  Se puede decir que es una tarea que se la sabe de memoria, tras 20 años de hacer lo mismo,  en el mismo lugar.
De  estatura mediana, Muñoz viste apenas una camisa ligera, pantalón jean y una gorra. El frío de una mañana de viernes no es tan intenso para él como en otras jornadas cuando la lluvia y el caudal de agua, que desciende por unas pequeñas pendientes, llenan las plantas de captación.
Con la certeza del especialista, cuenta que las instalaciones de la primera planta, de nombre Pichán, tienen  una capacidad de recolección   de hasta 150 litros de agua por segundo. En estos días se registran 120. El nombre viene del río que nace en las faldas del Ruco Pichincha y recorre toda esta zona hasta desembocar en el Guayllabamba.

Muñoz está familiarizado con los animales propios del páramo. Muchos se acercan a esta fuente de agua. Si bien habla de que son inofensivos, alerta que hay que mantener distancia. Hasta ahora no olvida el encuentro  con un puma, mientras, subía en su moto hacia la segunda planta de captación, llamada Mindo.  Este sistema capta 500 litros por segundo.

El animal saltó por delante del pequeño vehículo. Entre adrenalina y miedo alcanzó a maniobrar la motocicleta evitando lastimar al puma que asustado corrió entre la vegetación.

Después de tomar un respiro y calmar la intensa emoción que sintió, siguió su recorrido 6 kilómetros hacia el sur de la planta Pichán donde se encuentra el sistema de captación de Mindo.

En el camino del estrecho sendero se encuentran  cinco túneles, los vestigios de derrumbes que en época de invierno son más frecuentes.
Semanalmente, el técnico  llega a la planta que lleva el nombre del río que la abastece  y que está   por la Vía Calacalí-La Independencia. Él  deja su motocicleta e inicia  una caminata de 35 minutos. El frío y la niebla se intensifican a 3 600 metros de altitud.
Al ser Yanacocha una reserva protegida privada, su administración está a cargo de la Fundación Jocotoco. Pero está claro que, como   dice Freddy Ayala, inspector del Sistema Noroccidental de la Epmaps, la obligación del  cuidado y mantenimiento de los 21 km de  tubería y de las plantas  es   responsabilidad municipal.

Esto lo tiene presente Homero Muñoz cuando dice:  “Mi vida es el agua y mi trabajo,  cuidarla”. Antes de que la niebla oculte  el sendero,  vuelve  a su vivienda en  la reserva Atucucho.


Laureano Andrade Decano de Ingeniería Civil y Ambiental / Politécnica Nacional

‘El Municipio tiene una deuda con los cauces’

Uno de los temas que debe ser tratado como prioritario por el Cabildo es el de la calidad del agua de los ríos.
De enero a septiembre de este año, la Escuela Politécnica Nacional realizó un estudio para proponer la implantación  de una red de monitoreo de la calidad del agua de los ríos que atraviesan  Quito.

Para su efecto, se hicieron análisis físicos, geográficos, climáticos y biológicos de estas fuentes.
Según el estudio, los tramos menos contaminados están localizados cerca del nacimiento de los ríos, o a su vez, en aquellos lugares con menos influencia antrópica; es decir, sin alteraciones del entorno producidas por el hombre u otras especies. Ese es  el caso de los ríos Íntag y Pita.
Considero que el Municipio tiene una deuda pendiente en materia hidrográfica con los quiteños,  debido a que la mayor parte de los cauces corresponde a tramos críticos en los que la calidad del agua es pésima.

Entre los  malos ejemplos de esto están el tramo bajo del río San Pedro, el tramo bajo del río Pita, el río Guayllabamba y el río Machángara. Este último es el más crítico.

Es para destacar  la manera como  ejecuta la protección de fuentes hídricas en la ciudad de  Cuenca. Allí las plantas de tratamiento evitan la contaminación y protegen los cauces. Incluso, hay un Consejo que administra la cuenca en esa urbe, integrado por varias instituciones.
Lamentablemente, en Quito, todavía seguimos descargando  a los ríos: las aguas lluvias,   industriales y   servidas. Otra piedra en el zapato es  la forma en la que se ha venido implementando el sistema de alcantarillado en la ciudad, pues hasta la actualidad  se mantiene un sistema de alcantarillado combinado.

A mi parecer, es hora de trabajar en la recolección de aguas lluvias y aguas servidas de manera separada. Eso facilitaría el tratamiento.
Sobre  la creciente demanda de agua en la capital, el Plan Maestro prioriza los proyectos que deberán implementarse en secuencia hasta el año 2040. Sí habrá agua para Quito en el futuro, por ese lado nosotros no debemos alarmarnos.

La Municipalidad se debe enfocar en la optimización del uso del agua de la    cuenca del río Guayllabamba.
Se puede tratar el agua, luego usarla para fines  industriales o de irrigación. Así se  reducirían los costos que suponen traer este recurso desde otras cuencas hidrográficas que existen en  la ciudad y en el Distrito.


Consumo
El quiteño utiliza  240 litros de agua a diario   
En Quito, el promedio de consumo de agua por habitante es de 240 litros diarios. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona necesita de unos 150 litros   para satisfacer sus necesidades consideradas básicas.

En diciembre pasado, la empresa multinacional suiza SGS certificó que el agua potable de  Quito cumple con la norma INEN 1 108 que implica superar las pruebas   físicas, químicas, microbiológicas, de sustancias orgánicas, de desinfectantes y de plaguicidas.

El sistema de distribución de agua está conformado por más de 6 500 kilómetros de tuberías. Existen 161 tanques de distribución en el Distrito  y 155 tanques  en parroquias rurales.



Capacidad
  Hay 6 332 litros  de agua por  segundo
La Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps) tiene 32 plantas de potabilización que producen un promedio de 6 332 litros de agua por segundo para el Distrito Metropolitano.

Además, existen 31 estaciones de bombeo que abastecen a los tanques del sistema que están a una mayor altura.
En cuanto a la capacidad del sistema, los tanques almacenan 280 000 metros cúbicos,  lo cual representa aproximadamente el 60% del volumen diario producido para el Distrito Metropolitano  de Quito.

Esta cantidad, según la Epmaps,  es  suficiente para las necesidades de la regulación diaria y también para los volúmenes de emergencia e incendios.


LA FRASE
“En las plantas de captación, el agua permanece en estado crudo. Pero es limpia y cristalina”.

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