19 de March de 2011 00:00

Poder y eficacia

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Los griegos debatieron sobre si el poder más eficaz era el que hacía más cosas y las hacía bien. Pero es difícil y complejo definir el bien. En Grecia, rápidamente se vio la necesidad de leyes para que el poder no fuera para pocos, para proteger a las personas o frenar los abusos, y la necesidad que los gobernantes compartieran sus ideas e iniciativas con el pueblo, para volverlas legítimas y durables. La eficacia de un poder ágil en definir leyes o políticas y en volverlas obligatorias, no necesariamente las hace perdurables. Se requiere deliberación pública, participación ciudadana para que la población aporte con sus ideas, se apropie de las propuestas. ¡Cuánta falta hacen las organizaciones para ello! Además, las políticas públicas no demuestran eficacia en responder a sus fines, sino con el tiempo. La eficacia moderna vendría, así, por su capacidad de incidir en los procesos para transformarlos positivamente. La sociedad requiere un ritmo distinto al de la burocracia para ser eficaz' Sus decisiones exigen más tiempo, mayores esfuerzos para definir y ejecutar las políticas. Decidir rápido y mucho, puede ser ventajoso para ganar popularidad, impactar; pero eso no necesariamente resuelve o construye ideas que harán historia. La participación así no es un trámite; es indispensable, aunque moleste la eficacia del poder que desea ganar más poder a como dé lugar.

Entonces, en Ecuador, un debate de fondo debería ser el sentido de concentrar más poder; el gobierno ya dispone de una legitimidad excepcional y de suficiente poder para hacer inclusive más de lo permitido. Para algunos, sería eficaz pasar más decisiones sin oponentes o silenciándolos. Pero hacer política sin participación no es la solución. Esta eficacia del poder rápido en imponer sus posiciones, lleva a la despolitización. La sociedad no debate, los artistas del poder, hacen todo; la sociedad se vuelve espectadora. Cuando el poder considera que sabe qué hacer, cómo hacer y no necesita de la sociedad, no lleva a incidir en procesos. Esta debería ser una diferencia entre la izquierda y la derecha; construir más sociedad no sólo poder. En todas partes, mientras más se concentra el poder, más se tiende a actuar en función de la cabeza del poder. La participación ciudadana se vuelve pérdida de tiempo; el plan programático pierde sentido; cuenta el sentido del momento para consolidar poder; se pone de lado las ideas; pesa más el pragmatismo de mantenerse y ganar poder. Así, un sistema de mayor concentración de poder en un auge de despolitización, no es positivo para las izquierdas de Acuerdo País; ya son las principales perdedoras. Ya ganan los pragmáticos del poder. Las ideas de renovación de izquierda que ayudaron a construir el poder, no hacen parte de su consolidación.

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