Walter Spurrier

Vientos frescos

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Vientos frescos soplan en Tame. La exministra de Transporte, Paola Carvajal, está al frente de Tame desde septiembre, y reveló los malos resultados de la empresa que, se desprende, son una combinación de deficientes administraciones anteriores e injerencia política en decisiones empresariales.

El 2014 la empresa perdió USD 48 millones, quizá más, ya que “hemos encontrado cuentas que tienen valores que no son reales”. La gerenta no está dispuesta a tapar irregularidades.

En 2015 la aerolínea estatal perdió solo USD 10 millones, ya que en el último cuatrimestre la nueva administración renegoció con proveedores, suspendió vuelos, cerró agencias.

Reconocer de manera pública la existencia de un problema permite a los ciudadanos, dueños de la empresa, hacer el seguimiento de los progresos para solucionarlo. Es el primer e indispensable paso para superar una crisis. Esta es una verdadera rendición de cuentas. Que Petroecuador, CNT y tantas otras empresas del Estado tomen nota.

La solución pasa por el cierre de frecuencias no rentables. Quito-Sao Paulo tenía una ocupación de 38% y ocasionaba pérdidas por USD 10 millones anuales. Se fueron las rutas a Sao Paulo y Quito-Fort Lauderdale. También Quito-Tena. Se construyó un aeropuerto muy bien equipado y se dispuso que lo sirva Tame, cuando era evidente que no iba a haber suficiente tráfico.

Al reducir frecuencias, se venderán naves y no se renovará el alquiler de otras: la flota bajará de 17 a 11 naves. Este año habría un déficit pero en 2017 la empresa generaría utilidades (he recopilado in formación de todos los medios nacionales de circulación masiva).

En cuento a las rutas internas, informa que las únicas rentables son las que vinculan a Quito, Guayaquil, Cuenca, Galápagos y Manta. Causa asombro que no sea rentable Quito-Coca, cuando hay tantas frecuencias. Tampoco es rentable Quito-Loja, a pesar de una ocupación del 87%.

Se van a mantener buena parte de las frecuencias no rentables, ya que para Tame “es atractivo conectar el país”. Me parece, más bien, que para quien es atractivo conectar al país es para la población nacional y, por lo tanto, a quien le corresponde subsidiar esas rutas es al Estado.

Los pasajeros del sector público deberían pagar igual que los privados. El Estado podría señalar cuantos asientos de falso flete está dispuesto a pagar en cada vuelo, por destino, cuando el servicio subsidiado deba mantenerse. Sin transparentar subsidios es difícil alcanzar eficiencia. Tampoco exigir rentabilidad.

La gerenta anunció la búsqueda de un socio estratégico dentro del marco de la Ley de Alianza Público-Privada, para que aporte capital y ayude a Tame a ser eficiente.

Que el aire fresco que se respira en Tame disipe la atmósfera enrarecida que circunda a otras empresas estatales.

wspurrier@elcomercio.org