Jorge León

Violencia: razones y sinrazones

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jleon@elcomercio.org

Laprotesta violenta crece, hay en Ecuador o en Europa, Japón o en América Latina. Junto a ella, aunque no necesariamente tiene relación, crecen los grupos anarquistas. ¿Por qué se producen?

Hace unos 15 años en el auge de las manifestaciones ‘antiglobalización’, cuando el pensamiento y políticas neoliberales parecían reinar para siempre, fueron los radicales y anarquistas antineoliberales que deslegitimaron los encuentros de las siete potencias más ricas o del FMI. Pequeños grupos de enmascarados se desahogaban enfrentando la policía, rompiendo lo que estaba a la mano. En varios países europeos, como en Grecia con la caída de su sistema político o en España con la descomposición de partidos y políticos, hay estos grupos que a ratos complican manifestaciones de gente bien intencionada. En contraposición con estas situaciones, también actúan en un sistema muy institucionalizado como Chile.

Es frecuente que a estos grupos violentos que ya van a las manifestaciones con ganas de pocas pulgas y quieren romper no solo el viento, se los confunda con los anarquistas, pero no siempre coinciden. Pero están de moda los nuevos anarquistas, en universidades y en varios sectores de la sociedad. No es el anarquismo original que desconfiado del poder prefería ser su contrapeso, ahora pesa el simple rechazo y ese “después de nosotros el diluvio” que en principio “destruye” el sistema y en los hechos hace que la mayoría se desentienda más de la política.
En la última manifestación convocada por el FUT que sorprendió por su éxito, al final hubieron de estos grupúsculos vehementes que querían mostrar que el enfrentamiento físico debía ser tan importante como las palabras o la marcha. Sirvieron para justificar la represión o desprestigiar la marcha.
Si nos atenemos a estas situaciones podemos ver que estos grupos crecen cuando el juego político es cerrado, poco flexible, como acontece con sistemas muy institucionalizados en los cuales no hay espacio para algo nuevo, donde parece que todo está definido, o en sistemas autoritarios que tienden también a impedir la expresión de los posibles contestatarios o las autoridades manifiestan que su verdad es la única válida.

También constatemos que emergen cuando caen partidos, es decir sus proyectos y organización. Ante el sistema imperante o sus injusticias, se busca otros modos de expresarse.

Cuando el sistema se vuelve muy cerrado en sus instituciones y posibilidades de afirmación social o política, sea por muy autoritario o por muy organizado y repetitivo -falta renovación o se descomponen los partidos y dejan a la gente sin ideas para comprender el mundo y actuar-, la política crea confusión y desconfianza, no hay margen de acción, crecen los que dan más importancia a sacarse el clavo. Revelan que en la vida política y colectiva la flexibilidad –pluralismo y alternativas- cojea.