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7 de May de 2012 00:02

No se pretende analizar ni discutir la necesidad de que altos funcionarios viajen por aquí, por acá y por acullá, en ejercicio de las obligaciones del cargo.

Últimamente han proliferado los viajes de ministros de Estado; y, también, de legisladores del sector gobiernista. En el Registro Oficial aparecen las autorizaciones en cuanto a los del Ejecutivo: por ejemplo, tan solo en uno, el nro. 688, 23 de abril de 2012 (y los hay en registros de diciembre de 2011) aparecen cuatro autorizaciones de viajes de ministro; y recientemente se hicieron públicos los viajes de legisladores: del presidente Arq. Cordero, del legislador Bustamante, de la legisladora Machuca, del representante indígena Pedro de la Cruz y otros con similar número de ocasiones: 23-15-9-8 y 7 (El Universo, abril 25).

El 18 de abril, el Secretario Nacional de la Administración Pública ha expedido el Reglamento de Viajes al Exterior de los servidores de la Función Ejecutiva, estableciendo un procedimiento de solicitudes de viajes. En el art. 6, dice: “Al retornar del viaje, el funcionario deberá realizar e ingresar en el módulo informático un informe ejecutivo que contendrá el registro de los logros y compromisos adquiridos y beneficios del viaje realizado”.

De no hacerlo, se restringirá automáticamente la posibilidad de que ingrese con una nueva solicitud de viaje al exterior. En el art. 7, dispone que el viaje a foros, seminarios, talleres, cursos y cualquier actividad de naturaleza similar, deberá tener relación estricta y directa con las funciones del servidor público y con las competencias de la entidad.

Las actividades a desarrollar en el exterior deberán propender a conocer programas y proyectos cuya naturaleza sea de interés para el Estado ecuatoriano, en el ámbito de la gestión gubernamental de la entidad.

La ausencia del país por viajes al exterior no podrá exceder de 24 días laborables dentro de un año.

Los viajes no son únicamente de ministros, viceministros y altas autoridades, sino también de particulares, por disposición del Ministerio de Cultura, tendientes a fomentar y difundir actividades artísticas, prioritarias en el marco de las políticas institucionales. El poder político ofrece una serie de satisfacciones, entre ellas viajes al exterior; magnífico sueldo, honores, halagos, el buen vivir, etc, etc. Por allí se entiende por qué algunos no dan motivo, pues podría terminar su encargo. Igual el terror en la Asamblea Nacional, cuando el Presidente amenaza con utilizar la “muerte cruzada”, que comporta nuevas elecciones en las que, a lo mejor, ya no resultan nuevamente favorecidos con el voto de sus comprovincianos.

¡Medio millón de dólares gastados en viajes de los Asambleístas!

¿Cuánto, en viajes de altos funcionarios del Ejecutivo? Y todo financiado con los impuestos que pagamos los “administrados”.