José Gallardo Román

Venezuela heroica

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Designios inescrutables han hecho que Venezuela esté predestinada para el dolor. En la Guerra de la Independencia su tierra, como ninguna otra, fue anegada por la sangre de sus mejores hijos. Los llaneros feroces de la “legión infernal” del canario Boves, asolaron a su propia Patria. La “guerra a muerte” enlutó a casi todos los hogares venezolanos. Esa vorágine cruel se abatió sin piedad sobre los seres queridos del General Antonio José de Sucre, una de cuyas hermanas se suicidó para evitar ser ultrajada. No cabe duda que el dolor forjó el temple heroico y a la vez magnánimo de su alma noble.

En estos días, una tiranía brutal, sostenida por una fuerza pública peor que un ejército de ocupación, ha sumido a Venezuela en el hambre, la enfermedad y la opresión, al extremo que la mayoría de la población está condenada a una vida degradante que ha desencadenado el éxodo a tierras extrañas en búsqueda de pan y dignidad.

Chávez, un demagogo ignorante, ególatra y ahíto de vana gloria, cayó bajo la férula del tirano de Cuba que encontró en la opulenta Venezuela la tabla de salvación para su fracasado gobierno. Alimentado en sus sueños mesiánicos y delirantes por tan perversa influencia, puso a su país, el más rico de América Latina, en el camino de un inexplicable desastre económico y bajo las garras de la corrupción más rampante, que lo han sumido en la miseria y la opresión. Sin escape ante la muerte, forzó la elección de su sucesor, no con los ojos puesto en el bienestar de su pueblo, sino en la continuación de su gobierno. Y el sucesor está cumpliendo su voluntad sobre el sufrimiento del pueblo. Con ese maligno propósito, ha recurrido a las más descaradas y vergonzosas triquiñuelas para mantenerse en el poder y empuja la elección amañada de una constituyente que establezca el marco totalitario para perpetuar su tiranía infamante.

Contra esa tiranía viene luchando el heroico pueblo venezolano por más de tres meses y se aproximan al centenar los caídos en las calles y plazas. Venezuela está de luto. Sin embargo, hay gobernantes en América que se tapan los ojos y los oídos para no ver ni escuchar los gemidos de un pueblo hermano.

¿Cómo podrían los venezolanos liberarse de una tiranía que controla todos los poderes y fuerzas del Estado, sino luchando en las calles y plazas? ¿Cómo las fuerzas militares y policiales, creadas como en todas las naciones civilizadas para proteger y defender la vida, la dignidad y el patrimonio espiritual y material de su pueblo, han descendido a la triste condición de instrumentos ciegos de un gobierno que arma a los delincuentes para que ahoguen en sangre la justa protesta del pueblo? El silencio ante tan horrendos crímenes debe avergonzarnos a todos los habitantes de América y más aún a aquellos cuya complicidad no tiene explicación ni perdón.