Gonzalo Maldonado

¿Dolarizar a Venezuela?

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28 de junio de 2014 18:34

Desde finales del año pasado, las autoridades venezolanas han perdido el control de su tipo de cambio. Durante años funcionó un sistema administrado que permitió a ese país mantener un bolívar sobrevaluado que abarató las importaciones y contuvo las presiones inflacionarias que la economía venezolana ha sufrido permanentemente por la escasez crónica de bienes y porque el Estado no cesa de presionar los precios internos a través de su descomunal gasto público.

Los venezolanos ya no están dispuestos a mantener sus ahorros en moneda local porque han visto que la capacidad adquisitiva del bolívar se destruye diariamente a causa de una inflación que supera el 60% anual y una devaluación del 88% solo hasta marzo de este año.

Para proteger su patrimonio, los venezolanos venden sus bolívares y compran inmediatamente una moneda dura. A regañadientes, las autoridades de Venezuela han reconocido esta necesidad y han creado nuevos tipos de cambio referenciales que se acercan más a los precios que maneja el mercado negro.
El problema con una política de devaluaciones permanentes como aquella es que puede provocar aumentos de precios que neutralicen la depreciación inicial. Esto obligaría a la economía a devaluar nuevamente su moneda lo que, a su vez, provocaría más inflación…

Este fenómeno ocurre cuando los agentes tienen distintas expectativas sobre la inflación futura y suben sus precios de forma discrecional porque no saben cuánto subirán los costos de sus proveedores.

Un escenario como aquel es peligroso porque puede detonar un fenómeno hiperinflacionario que no es otra cosa que una carrera desesperada de todos los agentes por subir constantemente los precios de venta para evitar que sus márgenes de utilidad desaparezcan.

En Ecuador evitamos una hiperinflación. De una tasa cercana a 3 dígitos a inicios de la década anterior –que luego pudo ser de 200 o 300%– pasamos a otra de un solo dígito sin contraer el crecimiento del PIB. No fue un ajuste recesivo –como los que tuvimos en épocas anteriores a aquella– gracias a que, para ese momento, ya estábamos dolarizados.

El dólar sirve como una guía que permite a los participantes de una economía converger hacia un solo objetivo inflacionario. Esto es posible porque la dolarización elimina el riesgo de devaluación y, por tanto, el componente importado de la inflación. Además, la dolarización facilita que se liberen los precios sin afectar demasiado a los menos protegidos porque sus ingresos también están en una moneda dura.

El camino más apto que tienen los venezolanos para salir de la crisis sin convulsionar a la sociedad es dolarizando su economía. ¿Podrá el pragmatismo imponerse sobre la embriaguez ideológica?