Sebastián Mantilla

Incómodas revelaciones

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Ciudad del Vaticano, pese a ser la sede de la institución máxima de la Iglesia Católica, “centro de los más altos principios morales y espirituales”, no puede desprenderse, al estar incrustada en plena ciudad Roma, de una historia sombría que se remonta al pasado.

No me refiero solamente a la leyenda que habla de su fundación (dos hermanos que se disputaron a muerte por el amor de una meretriz), sino a todo lo que ha acontecido allí en el transcurso de los siglos. Por ello, más allá de la fastuosidad de sus construcciones y la belleza de sus obras de arte, la Ciudad del Vaticano encierra dentro de sus muros una maldición embrionaria: los vicios de una clase dirigente corrompida y mundana, llena de conspiraciones, opulenta y aparentemente incorregible.

Esa es la realidad con la que se encontró el papa Francisco. La misma que no pudo enfrentar Benedicto XVI y le llevó luego a abdicar al verse incapaz de transformar los hábitos incorregibles de cardenales y monseñores.

Esto ha quedado evidenciado en dos libros que acaban de aparecer hace pocos días y que ha está causando un fuerte remezón la curia romana. El primero, titulado Vía Crucis, de Gianluigi Nuzzi, muestra los vicios de una casta política que se aferra a sus privilegios como si fuesen un derecho natural, profundamente arraigada en una cultura intrigas, disputas y manejos poco transparentes. Según Nuzzi, la Curia romana informa cada año cuánto dinero obtiene de las limosnas pero no cómo se gastan estos fondos. No obstante, comenta que de cada 10 euros que se recaudan alrededor en todo el mundo producto de las limosnas, 6 euros se destinan al pago de gastos de la Curia romana, 2 euros se ahorran y apenas 2 euros van a obras de la caridad.

Las beatificaciones y santificaciones, de acuerdo a Nuzzi, son una máquina de hacer dinero. La Santa Sede cobra por cada una un promedio de medio millón de euros. El Vaticano es un paraíso fiscal, en el cual no se paga impuestos y se fomenta el mercado negro.

La otra publicación, Avaricia, de Emiliano Fitipaldi, confirma malos manejos, despilfarros y desvío de fondos. Un caso de escándalo es el gasto incurrido por el anterior secretario de Estado, Tarcisio Bertone, en la remodelación de un departamento personal en la ciudad de Roma con recursos de un fondo de atención sanitaria para la niñez.

Estas publicaciones se nutrieron de audios y cientos de documentos que fueron filtrados por dos colaboradores cercanos del Papa Francisco: el sacerdote Lucio Vallejo, secretario de la Comisión creada para investigar las finanzas de la Santa Sede, y la comunicadora Francesca Chaouqui.

Más allá de las delicadas y embarazosas revelaciones que traen estas dos publicaciones, habrá que ver si eso da motivo para un profundo cambio dentro de la Curia romana o simplemente es un capítulo más de otra disputa interna. Una disputa en la que esa cúpula depredadora se resiste ante el menor atisbo de purificación.