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7 de agosto de 2014 00:05

Enfoque Internacional 
El País, Uruguay, GDA

Después de varios intentos frustrados finalmente se concretó la Cumbre de Presidentes del Mercosur en Caracas. Lejos de su objetivo fundacional esencialmente de comercio, ratificó su actualidad de foro político para recoger declaraciones de presidentes con afinidad ideológica, quienes culminaron con declaraciones de comité de base.

Hubo varias que integran una típica retórica de lugares comunes, pero hubo otras decididamente infelices. Ya nada nos sorprende de nuestra política exterior ideologizada, que supuso un cambio sustancial de proximidad hacia países poco afines, por la única razón de su comunidad ideológica de hoy, determinando una diplomacia de ocasión, lejos de intereses nacionales supremos determinados por una política de Estado, como había mantenido desde hacía mucho nuestro país, prestigiado en el mundo por eso mismo. Sin ninguna declaración relevante sobre lo comercial -sería imposible dadas las políticas de encierro de Venezuela o Argentina- las restantes contienen, afirmaciones sobre la caza de cetáceos, la protección de la Pacha Mama, o -cuándo no- sobre el cambio climático. Hasta allí, los comunicados no molestan demasiado. El problema empieza cuando se ingresa decididamente en lo político ideológico. Así, se designa a Hugo Chávez ciudadano ilustre del Mercosur, un presidente con inclinaciones autoritarias que, como afirma Karl Popper en ‘La sociedad abierta y sus enemigos’, usan la democracia para llegar al poder, para luego destruirla hasta transformarla en una autocracia.

Hay también una serie de saludos políticos a la presencia china en la región, que nunca debieron sobrepasar lo comercial, para convertirse en afirmaciones contra Occidente. De esta manera, el Mercosur propicia a China como poder alternativo a Occidente, agraviando pertenencias seculares. Y se confía angelicalmente en esta nación para contraponerla, por ejemplo, al Banco Mundial, al Fondo Monetario, confiando en un banco chino manejado por chinos, la posibilidad de financiar gobiernos populares con criterios solidarios. Da pena. Asimismo, agravian la representación de todos los uruguayos, las expresiones de antisemitismo subrayadas especialmente por nuestro Canciller, que proceden también de esa valoración ideológica del mundo, según la cual Israel representa a la derecha y Hamas -una organización terrorista que propone la desaparición de Israel- a los intereses populares de izquierda. Sin desconocer el derecho de todos a tener patria y a la paz, sin juzgar cuáles bombas son justificadas -hacerlo desde aquí o desde Caracas es poco serio-, los planteos antisemíticos son una barbaridad procedente de aquel maniqueísmo de ridícula superficialidad.

Y queda el tema de Argentina. Nuestra solidaridad es total con ese pueblo pero no con sus gobiernos populistas -poco amigos de Uruguay- responsables totales de la situación actual. No hay buitres sin deuda, no hay deuda sin déficit, y no hay déficit sin conductas irresponsables de gasto.