César Montúfar

El test venezolano

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¿Cuántos muertos más se esperan en Venezuela para que reaccionen organizaciones como Unasur y la OEA? ¿Cuántas detenciones arbitrarias más es su medida? ¿Cuántos estudiantes apaleados y atropellos flagrantes a los derechos humanos constituyen su tope? En verdad, la actual crisis venezolana no solo ha desnudado la bancarrota del proyecto chavista, sino que deja patética constancia de la irrelevancia de estas organizaciones, cuya inacción constituye impresentable complicidad.

Pero la crisis venezolana devela también otras realidades. Deja en estruendosa evidencia el doble discurso y la calamidad democrática de los gobiernos de la Alba.

El caso del Ecuador es quizás uno de los más patéticos. El Presidente y Canciller ecuatorianos llevan ocho años llenándose la boca con el discurso de los derechos humanos y denostando contra atropellos dentro y fuera del país, cuando han podido señalar a quienes consideran de derecha o al imperialismo sus culpables. Ahora resulta que cuando quien los comete es un amigo, un aliado ideológico, no cabe la denuncia, sino el silencio y hasta el respaldo. ¿Recuerdan ustedes las imágenes de nuestro Presidente con oportunidad del golpe de estado contra Zelaya? ¿Recuerdan que varios mandatarios de Alba se embarcaron en un avión para aterrizar en Tegucigalpa y allí Correa exclamó (palabras más, palabras menos) que por la democracia y los derechos humanos Honduras era un buen lugar para morir? Claro, el golpe militar contra Zelaya merecía que los demócratas “progresistas” cerraran filas porque los golpistas eran de derecha y el derrocado un aliado. ¿Pero cuando quienes atentan contra la democracia y los derechos son los llamados “progresistas”; cuando la muerte y la cárcel son la respuesta no del imperialismo o la derecha, sino la receta contra los ciudadanos de la misma izquierda, no cabe, entonces, subirse a un avión a jugar de héroe; no cabe decir algo o reconvenir al aliado de que aferrarse sin legitimidad al poder es la antesala de la barbarie y que matar y reprimir desde el Estado a la población inconforme es razón para una condena sin signo ideológico, revestida únicamente de humanidad?

¿Les vamos a creer en el futuro cuando salgan a dar clase de democracia y derechos humanos en otras situaciones? ¿Vamos a dar crédito a sus palabras cuando vengan a decirnos que se están violando los derechos de las personas y que la comunidad internacional debe hacer algo? Con la crisis venezolana no solo se irá a la tumba el proyecto bolivariano del chavismo, sino la autoridad democrática de quienes jugaron al silencio y a la complicidad. Quienes no pasaron su test, el test que requería afirmar con palabras y acciones que los asuntos de democracia y derechos humanos trascienden las ideologías y las conveniencias momentáneas; que es igual de execrable el violador si es amigo o enemigo, de derecha o de izquierda, imperialista o antiimperialista. El socialismo del siglo XXI está teniendo un mal fin. Su retórica empieza a desvanecerse y comenzamos a ver su doblediscurso de cuerpo entero.

@cmontufarm