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El tabaco y los países pobres

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó para el Día Mundial sin Tabaco que los países adopten un empaquetado neutro para los cigarrillos con el fin de reducir el consumo, pero hasta ahora solo los más ricos han podido hacer frente al costo que implica la medida.

Varias iniciativas en distintas partes del mundo contribuyen a reducir el consumo de tabaco, como impuestos, restricciones por edad, prohibición de fumar en espacios públicos, limitaciones a la publicidad, así como el empaquetado neutro, en el cual Australia lleva la delantera. Esa última medida, lema del Día Mundial sin Tabaco, deriva de una ley australiana de 2011 y tomó impulso en Gran Bretaña, Francia, Canadá y Nueva Zelanda, donde se comprometieron a instalar el empaquetado neutro.

“Sabemos que el diseño del paquete trata de ser atractivo, a menudo para un público específico como mujeres o jóvenes”, explicó Nicole Hughes, quien trabaja en investigaciones para el control del tabaco en el Instituto Nossal para la Salud Global.

“Por eso, disminuir el atractivo del paquete y su uso como medio para la publicidad es increíblemente importante para combatir el consumo de tabaco”, acotó.

El tabaquismo disminuyó en muchos países de altos ingresos, como Australia, donde se redujo a la mitad desde 1991, pero se sigue fumando mucho en las naciones más pobres, donde la reglamentación suele ser más débil.

Según la OMS, los países más pobres tienen casi el doble de publicidad de tabaco que los más ricos, y cuanto más pobres son, más comercios pueden vender cigarrillos. “La mitad de las personas que fuman tienen grandes probabilidades de sufrir alguna enfermedad relacionada con el tabaco, mientras que la otra mitad morirá”, afirmó Edouard Tursan D’Espaignet, coordinador de la Iniciativa Libre de Tabaco, de la OMS.

“Se trata de unas pocas personas que ganan millones de dólares gracias al deterioro de la salud y a la muerte de otras en todas partes del mundo”, puntualizó D’Espaignet.

La iniciativa del empaquetado neutro, que también puede implicar la incorporación de advertencias sobre los cigarrillos, es una forma de contribuir a combatir el problema, pero no avanza sin la lucha de la industria tabacalera. En 1993, mucho antes de que se considerara o se investigara sobre el empaquetado neutro, la industria tabacalera creó un grupo de trabajo para estudiar qué pasaría si esa iniciativa se llevaba a cabo, recordó D’Espaignet.

Entonces concluyeron que perjudicaría sus ganancias porque reduciría de forma significativa el atractivo de fumar. A sabiendas de las consecuencias negativas de la medida, la industria emprendió tácticas para impedir que los gobiernos impusieran esa legislación, incluso recurriendo a la justicia.