Roberto Salas

Son las instituciones

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17 de April de 2014 00:01

En la búsqueda de la prosperidad, muchas teorías se han desarrollado para responder una pregunta: ¿Por qué algunos países son exitosos y otros no? Para encontrar respuestas, es importante definir la palabra éxito. Para algunos, se trata de crear el mayor ingreso por habitante, según otros no se trata solo de riqueza, sino también de calidad de vida y libertades. Para otros, lo fundamental es el nivel de igualdad. Me pregunto, ¿por qué no todo junto? Alguna posición hay que tomar, y esa es la principal función de los líderes. En Democracia, el relativismo también puede definirla de distintas formas. Para unos, es el derecho del pueblo de ser escuchado y representado. Para otros, es suficiente la voluntad de la mitad mas uno. Pero Democracia no debe ser solo elecciones, sino respetar los derechos, la participación, la libertad… de todos.

Hace poco escuché al profesor James Robinson, coautor del libro '¿Por qué fracasan los países?', quien habló sobre las diferencias entre países basados en sistemas políticos extractivos e inclusivos, demostrando que aquellos que se fundamentan en élites absolutistas que se sirven del poder político para extraer riqueza para ellos mismos, destruyen el desarrollo. Los privilegios son tan grandes, que al temer perderlos se cierran a las innovaciones, al pluralismo y al progreso.

¿Qué hace que un sistema sea inclusivo? Se evita la concentración de poder, y este es compartido por diversas instituciones políticas que impiden que un solo sector, peor una sola persona, defina todo lo que el país necesita. Además, se evitan monopolios, y así muchos logran acceder a las oportunidades. ¿Es la Democracia el sistema para lograr lo anterior? La respuesta es un sí fuerte, a pesar que países hoy considerados exitosos tuvieron gobiernos concentradores al inicio, como Corea del Sur, Singapur y Chile.

Entonces, la diferencia entre el éxito y el fracaso no se debe a situaciones geográficas o culturales, si no, a las políticas públicas manejadas por líderes inspirados por ideales no siempre correctos. Un ejemplo, en América, en el siglo XV, las zonas más exitosas en términos de conocimiento, avance tecnológico y riquezas, era América del Sur. Sobre todo las áreas dominadas por los aztecas, mayas e incas. Hoy, esas áreas no son las más desarrolladas.

Aquellos que por algún acontecimiento, o una coyuntura crítica, tomaron decisiones a favor de descentralizar el poder y ampliar el acceso a las innovaciones o al comercio, son quienes aprovecharon mejor las oportunidades, demostrando que son las instituciones las que hacen la diferencia, ya que estas perduran por sobre los líderes, y son el vehículo que garantiza a largo plazo los ideales, las políticas públicas y formas de gobierno adecuadas.