Oswaldo Jarrín R.

Solidaridad perversa

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26 de March de 2014 00:02

La libertad política que se fundamenta en la conducción gubernamental con separación de poderes, aplicación igualitaria de la Constitución y las leyes y auténtica representatividad de los ciudadanos en el Legislativo, anula la posibilidad de un Gobierno autoritario que con sutiles maniobras descalificatorias y de polarización social impone su voluntad y ejerce un violento poder .

Para Alex de Tocqueville, la libertad política, en democracia, evita el despotismo que a título de igualdad, abusivamente se convierte en árbitro del bienestar colectivo y priva a la población de intervenir en la vida política.

A este proceso político, Norberto Bobbio agrega la garantía de los derechos ciudadanos y la presencia de instituciones que conduzcan pacíficamente la solución de los conflictos.

Estos ideales se hallan confundidos en la turbulencia de intereses geopolíticos, con disputas entre bloques económicos y proyectos de Estados que vuelven a alinearse como en la Guerra Fría. Las áreas de influencia y la expansión de poder Este-Oeste siguen vigentes.

La atractiva dinámica económica de la Comunidad Europea, la incorporación de países de la antigua URSS a la OTAN, tienen como contrapartida a la Comunidad de Estados Independientes, a la Comunidad Económica Euroasiática, mientras que países latinoamericanos se esfuerzan por brindarse como escenario para la disputa de áreas de influencia geopolítica de las potencias.

Así se explica el apoyo de países latinoamericanos al gobierno de Al Assad de Siria, sin que importe los centenares de miles de muertos, para reforzar el derecho de no intervención propugnado por Rusia, aunque el mismo principio invertido le sirve para su intervención en Crimea, para proteger a los ciudadanos rusos.

Crimea es el segundo capítulo de la anexión a Rusia, de las provincias de Abjasia y Osetia del Sur en 2008, por denominación independientes de facto de la República de Georgia, con lo cual se sepulta la garantía de soberanía e integridad de los países, según tratados amparados por el Derecho Internacional.

Las organizaciones internacionales reiterativamente han proclamado que serán lo que los países quieren que sean; lo que llevado a la práctica significa exculparse ante la Comunidad Internacional. Este artilugio sirve para respaldar solidariamente a gobiernos que de por sí y ante sí declaran que la violencia y la brutal reprensión es producto de grupos criminales, declaración respaldada por el Mercosur, en el caso de Venezuela.

La OEA, sin que importe la Carta Democrática Interamericana, despojó de un derecho de expresión sobre Venezuela, aplicando lo que Tocqueville llama "tiranía de la mayoría", con la que se priva del conocimiento y de la decisión colectiva, dando opción a los países, para solidarizarse Quid pro Quo con un Gobierno que no encuentra salida a su fracaso.