Carlos Rojas

El solemne saludo a Quito...

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La intervención del presidente Rafael Correa, durante la sesión solemne por el 6 de Diciembre, quedará registrada como una de las menos afortunadas.

Ni bien tomó el micrófono lanzó una crítica general a quienes, en su criterio, han perdido las “buenas costumbres” y ya no saben reclamar. Su queja fue por la pifia que él y el alcalde Mauricio Rodas recibieron el sábado, por el retraso de 20 minutos de la Serenata Quiteña, en la Plaza Grande. Vale señalar que, en un video de ese momento, se percibe también un ‘fuera Correa fuera’.

La molestia del Mandatario atizó el enfado de mucho sectores quiteños que a lo largo de estas fiestas cuestionaron una suerte de actitud anticapitalina de parte del oficialismo por haber aprobado, el 3 de diciembre, las enmiendas constitucionales, en medio de un operativo policial en las calles de Quito que dejó personas heridas y detenidas.

Las redes sociales abundaron en reproches cuando Correa empezó su discurso, el mismo que para quienes se quejaron fue una sabatina más. Su paso en falso (¿o totalmente deliberado?) tuvo un efecto carambola, pues se criticó al Alcalde por “ser permisivo”. Cabe apuntar, sin embargo, que tras bastidores hubo roces entre la gente del Gobierno y el Municipio porque este descartó, de plano, que en el Teatro Sucre se entonara la canción Patria, como siempre exige Carondelet.

Rodas hizo un esfuerzo porque su disertación en la sesión solemne mostrara a un Alcalde ágil, moderno y conectado con las necesidades de la ciudad. Pero le faltó condumio político y reclamar con nombre, apellido y firmeza a los legisladores de Alianza País por haber empañado las fiestas. Correa, en cambio, sí aprovechó el auditorio para hacer una felicitación, fuera de lugar, a su bloque.

Mientras Rodas hablaba de una ciudad optimista, augurando las obras que mitigarán la ‘desaceleración’, Correa inauguraba de manera oficial el debate sobre la crisis económica: comparó las actuales amenazas externas con las que vivió el país en 1998 y 1999. La suya fue una triste forma de saludar a Quito.