León Roldós

En el siglo XXI, ¿hay inocentes?

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28 de December de 2011 00:01

Hoy, 28 de diciembre, la Iglesia Católica lo dedica a recordar “los Santos Inocentes”. La relación es que Herodes informado que había nacido el Mesías ordenó asesinar a los niños menores de dos años, de Belén y sus alrededores, entre los que debía estar el divino Niño, pero un ángel dio aviso a José -esposo de María- que viajó con la sagrada familia a Egipto, de donde regresó a la muerte de Herodes.

El sincretismo en Hispanoamérica deformó el significado y la fecha pasó a ser de bromas y burlas.

El sentido casi olvidado de los evangelios denuncia el castigo a inocentes, por quienes representan los poderes terrenales.

En el capitalismo suman cientos de millones de inocentes víctimas del sistema, pero también aparecen en gobiernos que se autoproclaman socialistas, con prácticas y ejercicio totalitario del poder.

En el Ecuador de nuestros días no solo hay persecución contra quienes el poder quiere quebrar o destruir, cuales son los casos de la criminalización por lo que se investiga, piensen u opinen actores sociales y de la comunicación, sobre abusos y apetencias del entorno del poder, sino también contra miles y miles de ciudadanas y ciudadanos que creían que el poder nunca los perjudicaría, porque decían que solo se dedicaban a lo suyo, sin cuestionar ni protestar ante los abusos que veían producirse, ya que eran para “castigar” a terceros, que no a ellos en singular.

Es el caso de los adultos mayores, condenados a una jubilación muy por debajo de sus últimos ingresos, porque por décadas los aportes para jubilación se calculaban solo sobre remuneraciones básicas y no totales. Los que en cerca de cuarenta años o más habían llegado a remuneraciones de alrededor de USD 1 500, hoy sus pensiones están cerca de 1 000 y si consiguen otro ingreso pierden una parte de su pensión jubilar.

Y tan o más graves son los casos de miles de servidores públicos despedidos, sin opción a jubilación, bajo la forma inconstitucional de renuncia obligatoria, con liquidaciones que van a esfumarse en poco tiempo, y con la tacha de ineficientes, corruptos o vagos para intentar justificar el abuso. La burla cruel adicional es la afirmación de que si la tacha es falsa, en alguna parte encontrarán trabajo, como que si las opciones de trabajo abundaran en el Ecuador.

Pero, ¿será para achicar el gasto público en remuneraciones? No, todo lo contrario. En las entidades y oficinas donde se produjeron los despidos entrarán otros y más que los anteriores –también hicieron eso otros gobiernos- pero en cuotas de los del entorno del poder, para que los ungidos les deban a ellos “el favor”.

La lección que debe quedar es que en el ejercicio totalitario del poder, solo estarán temporalmente a salvo los que son sumisos o aquellos cuyos réditos se busca. Hay una manera de enfrentarlo: resistir, reclamar, hacer de la dignidad un principio irrenunciable.