Rodrigo Borja

La Sierra Maestra

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27 de julio de 2014 00:00

Ayer se cumplieron 61 años del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fidel Castro era en ese momento el joven líder de una facción rebelde contra el dictador Fulgencio Batista. Hijo de un adinerado terrateniente español, plantador de caña de azúcar, Fidel se incorporó al Partido del Pueblo Cubano —mejor conocido como Partido Ortodoxo, de tendencia liberal reformista— en 1947. Y fue candidato a diputado en las elecciones de 1952, que se frustraron por el golpe de Estado de Batista.

Nunca fue afiliado al Partido Comunista cubano —que en Cuba se denominaba Partido Socialista Popular— ni militó en sus filas porque, como lo dijo más tarde, no le resultaba confiable un partido que actuaba bajo consignas recibidas de una metrópoli. Pero la lectura del “Manifiesto Comunista” le resultó seductora. Leyó con avidez las obras clásicas de Marx, Engels, Lenin y otros ideólogos del socialismo marxista, aunque fue muy crítico de los abusos y errores de Stalin. En nombre de los principios y de la ética política condenó, por ejemplo, el pacto Molotov-Ribbentrop, concluido el 23 de agosto de 1939 entre los regímenes estalinista y nazi, que dejó las manos libres a Hitler para invadir Polonia y atacar Europa occidental, que dieron inicio a la Segunda Guerra Mundial.

Las acciones fidelistas antigubernamentales culminaron con el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953. Pero la operación no tuvo éxito. Encarcelado y sometido a juicio, Fidel asumió su propia defensa. Fue célebre el alegato que pronunció el 16 de octubre de 1953 ante el tribunal que lo juzgaba, que obviamente era un órgano obediente de la dictadura. ”Termino mi defensa —dijo— pero no lo haré, como hacen siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte”. Y concluyó: “¡Condenadme, no importa, la historia me absolverá!”

Dos años después fue amnistiado y se exilió en Estados Unidos y después en México, donde fundó el “Movimiento 26 de Julio”.

En noviembre de 1956 partió hacia Cuba en el yate “Granma” con 82 combatientes para iniciar la lucha contra la tiranía de Batista. Después de 7 días de riesgosa travesía en la pequeña nave de paseo construida para albergar hasta 25 pasajeros, los 82 rebeldes desembarcaron el 2 de diciembre en el extremo suroccidental de la isla y se internaron en la montaña. Pero 70 de ellos murieron en los primeros combates o se perdieron en la selva. Con los 12 sobrevivientes —entre los que estaban Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos— Castro se dirigió hacia la Sierra Maestra y emprendió por dos años la lucha guerrillera, que concluyó con la fuga del dictador.

Los barbudos de la Sierra Maestra entraron triunfalmente a La Habana el 8 de enero de 1959.