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14 de February de 2014 00:01

Si te ofrecen un segundo, acéptalo. A lo mejor alguna vez lo necesitarás para alcanzar la luz después de una noche de sueños inquietantes. O, quizás, cuando el sol ha estado a punto de abrasarte, anhelarás que llegue ese segundo en que las sombras pasan a dominarlo todo. Acéptalo porque podría ser suficiente para despertar deslumbrado por una claridad excepcional. Acéptalo porque ese segundo bien podría ser indispensable para fundirte en la oscuridad cuando desees ocultar tus tristezas, cuando quieras exaltar tus pasiones o, simplemente, reconocer tu interior.

Si te ofrecen un segundo, consérvalo como un homenaje a las víctimas de la civilización que asola pueblos enteros, a los caídos en las guerras que estallan a diario, a los inocentes que han muerto por ataques terroristas, a los seres que han sido abatidos por las balas cobardes de los asesinos, a los desmembrados por las minas enterradas en los campos, o a los ejecutados por dioses embriagados de poder, pues ese es el tiempo que les habrá tomado a todos esos desafortunados encontrarse con la muerte.

Si te ofrecen un segundo imagina que alguien te ha entregado el último latido de su corazón, que te ha regalado el estertor final de sus órganos, que ha puesto en tus manos su dignidad, su libertad, sus fortalezas y debilidades, sus posesiones y sus necesidades, y que aquel segundo es lo que le queda a esa persona para reír a tu lado, para suspirar, para parpadear o saborear, para besar, para ofrecer una caricia, para llorar, para amar o tan sólo para partir.

Si te ofrecen un segundo, no lo rechaces jamás. Piensa que hay otras personas que en ese mismo instante darían cualquier cosa por tenerlo: un hijo por abrazar a su padre antes del fin, una madre por mirar a su hija sana y no devastada por la enfermedad, un soñador por observar una vez más el amanecer, un náufrago por escuchar el rumor del oleaje en tierra firme, un tirano por aferrarse al poder, un avaro por amasar mayores fortunas, un convicto por echar abajo todas las paredes, un condenado por no dar un paso más en el corredor de la muerte, una mujer por no ser ultrajada, un hombre por no ser humillado frente a los suyos.

Si te ofrecen un segundo acéptalo con humildad y sé merecedor de él, no sea que más tarde recibas esa llamada alarmante o te silencien aquellas palabras implacables, no sea que te sorprenda un grito aterrador o te despiertes tan sólo en el impacto final. Acéptalo y aprovéchalo como si fuera el último, pues en un segundo todo podría desmoronarse, y sólo entonces comprenderías que ese minúsculo fragmento de tiempo, frágil como la existencia, era justamente el umbral entre la felicidad incompleta que tenías al alcance de las manos, y el desamparo y la soledad que te embarga hoy.