Sergio Muñoz

De secuestros y rescates

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30 de agosto de 2014 00:00

El salvaje asesinato del periodista estadounidense James Foley a manos de un miembro del llamado Estado Islámico y el descubrimiento de que sus captores quisieron negociar su vida por 132 millones de dólares han creado un debate sobre la ética, la utilidad y las consecuencias del pago de rescates. Para muchos, el Gobierno estadounidense debió intentar una negociación con los terroristas del llamado Estado Islámico, argumentando que otros gobiernos han pagado rescates para salvar las vidas de sus connacionales. Otros sostienen que no se debe pagar rescates. Yo creo que la postura del Gobierno debe ser más flexible. Después de todo, lo que está en juego es la vida de una persona.

“Desde 1973 –me dice Brian Jenkins, de la Corporación Rand y experto en terrorismo– el Gobierno de Estados Unidos anunció que no pagaría rescates, liberaría prisioneros o haría cualquier otra concesión, argumentando que así se desalentaría a los terroristas a tomar rehenes estadounidenses, evitaría que los estadounidenses se convirtieran en objetivos de secuestro o que el dinero del rescate lo utilicen los terroristas para financiar nuevas operaciones”. “Pero –continúa Jenkins– una política solo es una guía y cuando no se ajusta a las circunstancias puede ser modificada. La ley estadounidense desalienta, pero no prohíbe que los particulares paguen el rescate para obtener la liberación de un secuestrado. Yo mismo he actuado como consejero en muchas de estas negociaciones. Las negociaciones con los secuestradores y la entrega del dinero suelen proporcionar las claves que permiten a las autoridades aprehender a los secuestradores después de liberar al rehén. El porcentaje de casos en que los secuestradores son aprehendidos, llevados a juicio y condenados es cercano al 100 por ciento”.

Algunas veces, un secuestro ha sido resuelto con una dura amenaza de retaliación. En 1993, cuando unos extremistas somalíes pidieron dinero para liberar a un piloto americano, el embajador estadounidense contestó: “Devuélvanos al piloto o destruiremos la ciudad entera, hombres, mujeres, niños, camellos, gatos, cabras, burros..., todo”. Al día siguiente, el piloto fue liberado.

Otras, mediante operaciones de rescate o intercambios de prisioneros controvertidas. Tan controvertidas como el reciente caso de Bowie Bergdahl, el soldado estadounidense canjeado por 5 talibanes presos en Guantánamo. ¿No equivale a un pago de rescate, le pregunto a Jenkins? “No –responde–. Desde 2001, EE.UU. está en guerra contra Al Qaeda y los talibanes y las negociaciones para resolver conflictos armados implican intercambios de prisioneros”.

Sé que el tema es complicado y entiendo los argumentos de quienes se oponen al pago de rescates, pero creo que Jenkins tiene razón cuando señala que la aprehensión de los secuestradores es el disuasivo más poderoso. Sin embargo, cuando autoridades no cumplen su responsabilidad de rescatar a las víctimas y castigar a los victimarios es mejor no escudarse en una política rígida.

El Tiempo, Colombia, GDA