Washington Herrera

Salvaguardias comerciales

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La débil estructura productiva del Ecuador y la necesidad de mantener la dolarización, determinan que cuando disminuyen drásticamente los ingresos por nuestras exportaciones hay que importar menos, porque no es posible aumentarlas de la noche a la mañana. Pero este es el reto y el país todo debe aplicar sus energías a este cometido para vender más bienes y servicios.

Ahora se preanuncian aranceles adicionales para las mercaderías importadas de todo origen, en aplicación de las salvaguardias temporales, que por motivos de crisis de balanza de pagos, prevé la Organización Mundial de Comercio. Preanunciar medidas de este tipo, sin tenerlas listas, es una improvisación que motiva la inmediata acumulación de inventarios (especialmente de bienes de consumo) antes de las medidas, para luego vender a precios altos como si hubiesen pagado los nuevos aranceles. Estas consecuencias indeseables se deben evitar porque hay gente que gana mucho dinero con información privilegiada, en perjuicio de los consumidores.

Así como el dólar fuerte induce a la baja denuestras exportaciones, así también provoca la disminución de los precios de nuestras importaciones provenientes de los países cuyas monedas se deprecian frente al dólar.

Los importadores ecuatorianos que compren productos de estos países tienen un poder de negociación con sus dólares fuertes para hacer bajar los precios. Por ejemplo, si un automóvil europeo costaba hace un año en términos FOB 20 000 euros, equivalentes en ese entonces a 27 400 dólares, ahora por la depreciación del euro debe costar un equivalente de 22 700 dólares, es decir un 13% menos. Entonces, en el caso de los países con moneda depreciada, las medidas de salvaguardia solo deberían emparejar esta situación y no dar lugar a elevaciones de los precios finales de venta. Si se van a elevar los aranceles para productos provenientes de EE.UU., en cambio, los precios subirán justificadamente.

Como corolario de la reunión del Gobierno con empresarios hay que redoblar el esfuerzo para exportar más lo antes posible y prever unas salvaguardias que no sean en altos porcentajes, que no impacten demasiado en el nivel de empleo alcanzado, invirtiendo productivamente con base en el endeudamiento público y facilitando a las inversiones privadas para salvar el barco en el que vamos todos.

En tiempos de vacas flacas, quienes gozaron de una situación boyante durante el período de vacas gordas, incluyendo los importadores, tienen la responsabilidad de trabajar para exportar más aunque sea ganando menos. Esto tiene el ingrediente positivo de la llegada de jóvenes ecuatorianos que regresan muy bien preparados en universidades de excelencia del mundo desarrollado y que serán factores inmediatos para aumentar la productividad y exportar competitivamente.

wherrera@elcomercio.org