Jorge Ribadeneira

Rockefeller, Guayasamín

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Un día de febrero de 1943, un Rockefeller llegó a la modesta ciudad de Quito y la prensa y los chismes se encargaron de decir que ese gringo pertenecía a la familia más rica del mundo.

Además, Andrés Rockefeller, de 34 años, era alto, bien presentado y no faltó la afirmación de que aspiraba a la presidencia de USA. ¿Cómo así semejante visita? 


Pues vino enviado por el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, con la misión de invitar al presidente del Ecuador, Carlos Alberto Arroyo del Río, para que visite la Casa Blanca. 
El gigante del norte estaba en plan de guerra con el Eje (Alemania, Japón e Italia) desde 1941 y su gobernante quería tener buenas relaciones con todos los países americanos.

Arroyo del Río viajó a Washington meses después y fue bien recibido.
 El Rockefeller que visitó Quito también fue bien tratado y, entre otras cosas, se dio un paseo por el Centro Histórico. 
Luego fue invitado para que conozca a un joven pintor y acuarelista quiteño, Oswaldo Guayasamín, quien había presentado poco antes su primera exposición, indigenista -como él- recibiendo mucho aplausos e iguales críticas. 


Rockefeller no solo le compró, en buen precio, seis cuadros sino que invitó al artista que vaya a Nueva York, la gran ciudad de los Rockefeller. 
Allí viven, luego de que el abuelo John fundó y desarrolló la que sería gigante empresa petrolera Standard Oil. 
Guayasamín, nacido en Quito y uno de los diez hijos de una familia pobre, estudió en la Escuela de Bellas Artes y, desde su primera exposición, gustó a unos y no a otros por sus toques de izquierda indigenista, pero la reacción mayor fue de reconocimiento a su calidad. 


Viajó, pues, a los Estados Unidos y, gracias a ventas de cuadros, hizo una visita a México, conociendo allí a destacados artistas pintores, en su mayoría de izquierda. 
Solo siete meses estuvo en los Estados Unidos de Norteamérica. Años después contó a un grupo de periodistas, entre ellos el autor de esta nota: “me subí al avión y desde las gradas mandé un buen yucazo a Gingolandia”.

Esa fue su despedida de USA y, luego, cambió radicalmente su vida. 
Fue subiendo a muy altos niveles internacionales, con premios, honores y millones de dólares que le presentan como gran figura mundial en sus calidades de pintor, dibujante, escultor, grafista y muralista ecuatoriano, con su alta colección de amigos, unos pocos de derecha, como el rey Juan Carlos de España, a quien hizo un retrato pero anotando que ya hizo tres de Fidel Castro.

La muerte, el lunes último, a los 101 años, del último nieto de John Rockefeller, fue el origen de esta nota que termina con una pregunta: ¿volvió el gran Oswaldo Guayasamín a USA luego de su famosa despedida con un yucazo? Pues sí. Volvió a Baltimore para enfrentar un infarto. Murió allí a los 80 años, en 1999.