Roberto Salas

Democracia en recesión

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Hace pocos días el Economist Intelligence Unit publicó su último estudio sobre el Índice de Democracia, evaluando 165 países, y obteniendo su peor resultado desde la crisis financiera del 2009.

En términos generales, revela que el 49,3% de la población mundial vive en democracia, dividiendo los sistemas en 4 grupos: democracia completa, democracia defectuosa, régimen híbrido y régimen autoritario. En esta última categoría vive el 30% de la población global, sobre todo en China, y llama la atención que sólo el 4,5% reside en una democracia completa, la mitad de lo que registró hace 3 años.

A su vez, el puntaje global promedio cayó de 5,52 a 5,48 en una escala del 1 a 10, 82 países bajaron su puntaje respecto a 2016 y muy pocos mejoraron.

Los 5 países mejor evaluados como democracias completas son Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelandia y Dinamarca. Y los peores, definidos como regímenes autoritarios son Corea del Norte, Siria, Chad, República Centroafricana y el Congo. Estados Unidos fue reclasificado como democracia defectuosa.

América Latina es reconocida como la región más democrática del mundo en desarrollo, pero su puntaje cayó de 6,33 a 6,26 en vez de subir.

Dos cambiaron de categoría, Ecuador que salió de régimen autoritario a democracia defectuosa por los avances en libertad de prensa y combate a la corrupción. Y Venezuela pasó de un régimen híbrido a régimen autoritario, sumándose a Cuba en los peores puntajes de la región. Mientras Uruguay, Costa Rica y Chile lideran el ranking regional.

En Ecuador, la democracia ha sido el pilar de la institucionalidad política, convirtiéndose en la piedra angular de la gobernabilidad y su desarrollo. Sin embargo, no ha podido salir del subdesarrollo, al igual que otros países de la región, principalmente por el populismo y la corrupción que han impedido el correcto aprovechamiento de los ciclos positivos, y las mismas instituciones que están diseñadas para proteger la democracia se han encargado de debilitarla y hacer perder la confianza de la sociedad.

Casos como los sobornos de Odebrecht, altos sobre precios en obras públicas, inseguridad legal, la confabulación política para romper la independencia y probidad de instituciones como la Fiscalía General y la Contraloría, la injerencia en lo anterior de altos funcionarios, la falta de fiscalización de la Asamblea Nacional, las dudas respecto a la función Electoral en las últimas elecciones, e incluso respecto del sistema Judicial, es el mayor retroceso que el país ha podido tener.

Estamos en el momento crítico de insistir con fuerza en refundar las instituciones, con independencia y probidad, para darle al país una nueva oportunidad de lograr un desarrollo sustentable, con democracia completa, economía equilibrada, empresas competitivas y familias optimistas.