Enfoque internacional

El futuro del lector

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18 de julio de 2014 00:00

Ricardo Ramírez Requena. El Nacional, Venezuela, GDA

Es necesario, ya avanzado el siglo XXI, plantearnos cuál será el futuro del lector. Todo lector depende del formato: no fue lo mismo leer en papiro o en códices que leer en papel impreso; no fue lo mismo leer en folletos por entregas, en papel periódico, que leer en un libro encuadernado; no es lo mismo leer un libro con imágenes o fotografías, que leer en un Kindle.

En 1962, Marshall McLuhan publicó La galaxia Gutenberg. Génesis del Homo typographicus. En el prólogo nos dice: “Estamos hoy tan adentrados en la era eléctrica como los isabelinos ingleses lo estaban en la era tipográfica y mecánica. Y estamos experimentando las mismas confusiones e indecisiones que ellos padecieron al vivir simultáneamente en dos formas contrapuestas de sociedad y experiencia. Y si los isabelinos se hallaban irresolutos entre la experiencia de las corporaciones medievales y el individualismo moderno, es el nuestro el inverso problema de vernos confrontados por una tecnología eléctrica que parece dejar anticuado al individualismo y hacer obligada la interdependencia corporativa”.

¿Estamos llegando al fin de la lectura individual, en silencio?, ¿llegó el fin de la lectura reflexiva, de butaca y lámpara de noche?
Luego del autocine, de la sala de cine, del gran salón de conciertos (por no hablar de los estadios), el pequeño espacio en la casa familiar parece ir desapareciendo. La experiencia de la lectura moderna no abandonó la colectividad de la biblioteca, pero sabemos que esta se vacía cada vez más. Lo cierto es que desde hace más de 40 años (autores como Eco y Steiner, pero también Castells y otros, nos lo recuerdan), la experiencia de la lectura está sufriendo cambios vertiginosos: aunque cada vez se editan más y más libros, parece que la lectura está hecha para “el tiempo libre”, para distraerse un rato nada más, para la velocidad del mundo moderno: pasamos de la era Gutenberg (McLuhan) a la era Internet (Castells) y todavía no queremos darnos cuenta.
La literatura está más vinculada con la tecnología de lo que creemos. Existen los escritores de pluma y papel y los pensadores de máquina de escribir (Nietszche, por ejemplo).

¿Tendremos ahora al escritor de tableta e iPad? ¿Existe ya y no lo sabemos? Más allá de la industria del libro, ¿qué pasará con el lector? Todas estas son preguntas esenciales que debemos hacernos pensando en el futuro, más cuando sabemos que la civilización occidental se hace cada vez menos logocéntrica. La palabra no ha cambiado al mundo (por lo menos la palabra escrita; la literatura oral, en especial el discurso, de Whitman a Kraus y desde Mussolini a Hugo Chávez no ha disminuido en sus efectos seductores. Los poetas populares son los hijos de los trovadores. Inmersos en el neorromanticismo, el efecto sobre las emociones, la fascinación que el espectáculo genera, el desprecio a la reflexión profunda desde la palabra, predomina.