7 de March de 2010 00:00

Retos de la izquierda

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Julio Echeverría

La conformación ideológica y política de la nueva izquierda latinoamericana es diversa. Su protagonismo actual obedece más a los fracasos de las iniciativas modernizadoras que a una deliberada operación de construcción política y programática.

La modernización en América Latina fue más una operación de élites separadas del cuerpo social cuyos alcances siempre fueron excluyentes.

 

El neoliberalismo fracasó en América Latina porque no tuvo como referente ninguna iniciativa capitalista reformista previa como sí aconteció en Europa con los Estados de Bienestar; por ello sus dificultades de afirmación como estrategia de modernización terminaron por impulsar el desmontaje de las incipientes instituciones liberales y la recuperación de las viejas instituciones.

 

Las nuevas izquierdas latinoamericanas han emergido en el contexto de la persistencia de estas lógicas: caudillismos, caciquismos, rasgos clientelares o populistas han debido adoptarse para acceder al poder y para mantenerse en él.

Una concepción lineal y progresiva de la historia puede explicar pero no justificar la calidad de la política que impulsa esta ‘nueva izquierda latinoamericana’.

El asumir esta linealidad del desarrollo histórico podría justificar que el actual programa de estas izquierdas se reduzca a cumplir las tareas no realizadas por la iniciativa capitalista.

Un esfuerzo de pragmatismo, que hace que muchos intelectuales ‘de izquierda’ ahora justifiquen este ‘pacto con la realidad’, lo entiendan como necesario para realizar su programa estratégico; es esta ‘aceptación vergonzante’ lo que hace que la izquierda se vuelva populista, que acuda a expedientes clientelares, o que re-legitime las formas caudillistas ‘propias de la cultura política tradicional latinoamericana’.

El desafío para la política de las izquierdas consiste en realizar una política desde las exigencias más avanzadas que impone la complejidad de la política global actual, y resolver desde allí ‘los retrasos estructurales’ que presenta la realidad del desarrollo y las mismas lógicas y estructuras semánticas del enfrentamiento político.

La izquierda debe recuperar para sí las mejores tradiciones del liberalismo y no regresar a posturas ortodoxas y cuasi religiosas de rescate de una naturalidad social corrompida por las lógicas del capital, como parecería caracterizar a ciertas retóricas de autojustificación.

La realidad actual es la del pluralismo de culturas y de referentes de valor, su iniciativa deberá consistir en comprometerse con la producción de nuevos valores de convivencia que potencien y no eliminen esta diferenciación. No hacerlo podría significar comprometerse con la reedición de una vieja imagen del poder nuevamente absoluto, centralizador y excluyente.

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