Washington Herrera

Relaciones Ecuador-Perú

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Como en la vida, la relación entre vecinos siempre debe cuidarse con esmero y más aún cuando se trata de países de tanta similitud y raigambre histórica. La prosperidad de un vecino es buena para el otro porque hay mejor ambiente para avanzar juntos y, en el caso del Ecuador y Perú, la relación mejorada en el transcurso de este siglo requiere ampliación, profundidad y certidumbre.

Las políticas de desarrollo han sido diferentes. Mientras el Ecuador basa su crecimiento principalmente en la inversión pública dentro de una economía sin moneda propia, el Perú lo hace con la inversión privada y con moneda propia. En este país hubo consenso para estabilizar la política macroeconómica, liberalizar el mercado de bienes y servicios y dar confianza a los inversionistas, lo que le permitió captar financiamiento internacional con tasas de interés bajas favorecidas por su menor riesgo país. Esto le dio consistencia al crecimiento auténtico de la industria a base de una mejor productividad, que catapultó a sus exportaciones de manufacturas e impulsó el desarrollo sostenido, que ahora le ha servido para paliar los efectos de la actual baja de precios de sus materias primas.

En este contexto favorable el Perú tuvo el buen cuidado de atender las demandas sociales, reduciendo la pobreza y mejorando la calidad de vida de la gente, especialmente en el medio rural en donde crecía la guerrilla en el siglo pasado. La pobreza ha bajado al 22,7% y la pobreza extrema a 4,3%, lo que fortaleció su mercado interno y aumentó el empleo adecuado y bien remunerado.

La prosperidad del Perú debió y debe ser aprovechada por el Ecuador vendiéndole más bienes no tradicionales y manufacturas, pero esto no siempre ocurre, pues mientras en 2014 el Perú le vendió al Ecuador 743 millones de dólares en manufacturas, el Ecuador solo le vendió 354 millones, pues el resto correspondió a exportaciones de petróleo. Al respecto hay que analizar qué está pasando, pues algunas fábricas ecuatorianas, en lugar de exportar desde el Ecuador, han preferido ir a instalar nuevas fábricas en el Perú seguramente por mayor confianza y mejores facilidades para sus inversiones. Por su parte también el Perú ha invertido en el Ecuador 740 millones de dólares en 2014 especialmente comprando plantas productivas ya existentes en Ecuador, lo que no necesariamente es creación de riqueza.

De otro lado, falta aumentar la movilidad humana y el crecimiento sostenido del turismo bilateral, especialmente mejorando el entendimiento cultural de las dos poblaciones, dotándolas de infraestructura de transporte por mar, tierra y aire, pues solo mediante una mejor interrelación humana y una comprensión recíproca podrá enfrentar eficazmente los problemas pendientes de seguridad y delitos transfronterizos como el contrabando de mercancías y el tráfico de drogas ilícitas.

wherrera@elcomercio.org