Opinión
Marcelo Ortiz

El régimen del buen vivir

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22 de December de 2012 00:03

Es el título pomposo de la Constitución del 2008 que en 4 años erigió el poder absoluto. Ocupa la sexta parte de 500 artículos de redacción confusa, repetitiva e incoherente en 74 artículos a partir del 340 con los cuales competiría en Guinness para la presea de una sociedad casi perfecta. No importa que conduzca a un buen vivir diseñado por el Estado, cuando se oculta la desocupación y subocupación, se subsidian los elementos básicos de la vida diaria, como el gas y gasolina, se extiende el índice de desempleo, se mantiene una curva inflacionaria en dólares, crece el endeudamiento externo e interno-IESS, bajan las exportaciones y, en fin, crece a dos millones el bono de la pobreza. Eso sí, quienes constan en el servicio público y los profesores, y profesionales deben cumplir 8 horas diarias. Además, nada de vacaciones prolongadas y tradicionales como las de navidad para escuelas y colegios. Aquí hay que situarse dentro del buen vivir, más aún después de la estrecha y dudosa mayoría de la consulta popular de mayo del 2011 que abrió el control absoluto del poder judicial, y suprimió la distracción burguesa de probar suerte en los casinos cerrándolos, reguló las corridas de toros, y en el fondo quedó arrinconada la fiscalización legislativa en un poder anulado por el hiperpresidencialismo.

Pero aclaremos que no es invento correísta. En los clásicos totalitarismos se dieron leyes rígidas para la vida social, prohibieron manifestaciones eróticas en público, regularon horarios para diversiones y ejercieron control a la fidelidad política. Hitler decía que las masas están más satisfechas con el trabajo diario en cualquier sitio que se le asigne, por sobre la vida conyugal. Mussolini afirmaba que las mujeres eran las guardianas de la patria a través de los hijos que entregan al fascismo que se expandirá por el mundo.

Stalin reguló el consumo de bebidas alcohólicas y la vida nocturna hasta suprimirla; determinó que el vestuario femenino sea de cuerpo cubierto hasta el cuello y prohibió el erotismo en lugares públicos.

Mao Tse Tung ordenó que en las comunas trabajen separadas hombres de mujeres, y cualquier intimidad entre casados sería los sábados bajo vigilancia de la comisión sanitaria. Ese “buen vivir totalitario” era factor de la docilidad política necesaria para no ser desplazados del poder y se clasifica como sexofóbico, porque impide el desarrollo del amor, se opone a cuanto significa satisfacción, tolerancia y solidaridad humana, y obstaculiza cumplir los planes de desarrollo con el trabajo optimizado.

¿Será esta modalidad de vida dirigida la que abrió Fidel Castro en Cuba en la década de los años sesenta del siglo XX y que quieren practicar otros países que instrumentan el socialismo del siglo XXI?