Sebastián Mantilla

Reforma migratoria

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Once millones es el número estimado de migrantes no regularizados que viven actualmente en los Estados Unidos. La reciente reforma migratoria que acaba de ser aprobada por el presidente estadounidense, Barack Obama, aunque no cubre a todos, al menos favorecerá a la mitad de esa población.

Una de las principales medidas de esta reforma consiste en otorgar un permiso de trabajo por 3 años a los inmigrantes ilegales que llegaron antes del 2010 o tienen un hijo estadounidense. Con ello, a más de garantizar mejores condiciones de trabajo para este importante número de indocumentados, brinda una alternativa al grave problema que se presentó en los últimos meses tras la llegada masiva de menores sin papeles desde América Central.

La imagen de ese Presidente dubitativo, que amenazaba con intervenir en Oriente Medio daba marcha atrás, que aplazaba las decisiones de manera reiterada, que parecía incapaz de imponer su autoridad y que, tras el revés de las elecciones legislativas del pasado 4 de noviembre, daba la impresión de que había perdido su capacidad inicial de persuadir e intimidar a aliados y rivales, no va más.

Obama se ha jugado una de las cartas más difíciles desde que asumió el poder. Ha aprobado por vía ejecutiva una reforma migratoria que a más de solucionar de manera temporal y parcial el problema de los indocumentados en los Estados Unidos le da un nuevo impulso a su mandato y genera un escenario favorable para su partido en las elecciones presidenciales del 2016.

De acuerdo con un reciente sondeo de opinión, nueve de cada 10 votantes latinos apoya la acción ejecutiva de Obama. El 80% de este sector se opone a que los republicanos bloqueen la iniciativa de Obama y 18% la apoya.

Aunque el Presidente de los Estados Unidos se ha jugado el pellejo al regular de forma unilateral (sin apoyo del Congreso) la situación de millones de inmigrantes, la iniciativa tiene límites. No incluye visados de trabajo temporales para trabajadores agrícolas. No será aplicada a las personas que entraron recientemente a los Estados Unidos y a quienes en el futuro ingresen de manera ilegal. Se destinarán más fondos públicos para la Patrulla Fronteriza que opera en la frontera con México, entre otros aspectos.

No obstante, pese a todas las críticas que ha generado esta iniciativa, es un paso positivo por enfrentar las consecuencias de la inmigración ilegal, aunque seguramente esto le generará a Obama más de un dolor de cabeza con la oposición. Los republicanos han anunciado una serie de medidas en su contra: cerrar el Gobierno como medida de presión, boicotear los nuevos nombramientos de los colaboradores del Presidente, no autorizar los recursos necesarios para que se ejecuten varias de las medidas que se contemplan en la reforma migratoria, dificultar la aprobación del Presupuesto del Gobierno e incluso demandar al Jefe de Estado. Veamos qué pasa.