Pablo Ortiz García

Manos percudidas

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Preocupan las declaraciones que el Presidente de la República ha realizado en un par de sabatinas. En la del sábado pasado se refirió a lo que ha circulado en las redes sociales sobre Ramiro González. El Mandatario mencionó que se ha dicho que es ladrón, “que devuelva toda la plata que robó”.

En las redes sociales también se ha escrito que ha habido sobreprecio, durante la administración del economista González, en la adquisición de medicinas por parte del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. Estas expresiones las “soltó” como revancha por lo que González sostuvo en un debate sobre temas económicos: que la primera campaña presidencial de Rafael Correa, se habría financiado con dinero proveniente de los señores Isaías.

En la sabatina posterior a la reconstrucción de los hechos del 30 de septiembre de 2010, reconstrucción llevada a efecto hace pocas semanas, el Presidente dio a entender que el anterior Fiscal General (antes amigazo del economista Correa), en la investigación del amotinamiento policial no actuó con diligencia y decisión, por existir alguna relación cercana con policías, supuestamente involucrados en la revuelta de los uniformados.

Estos dos casos son inquietantes. Si el pueblo que no tiene acceso de primera mano a la información los comentaba desde hace mucho tiempo, el Mandatario -a quien todas las funciones del Estado le reportan y piden autorización para actuar- debió haberlos conocido con mucha anterioridad a lo declarado en las sabatinas. El Código Orgánico Integral Penal, elaborado por sus asambleístas y expedido por el economista Correa, contiene un artículo que dispone que son autores de un delito “quienes no impidan o procuren impedir que se evite su ejecución teniendo el deber jurídico de hacerlo”.

Hay que recordar también que el Presidente, hace algunos años, defendió a su ‘famoso’ primo (“prestigio” bien ganado por lo que usted, amable lector sabe), y culpó a la prensa “corrupta” de haberlo “maltratado” ante la opinión pública. Tiempo después se comprobó que lo dicho por ciertos periodistas era verdad, que hasta los jueces del Gobierno lo condenaron a pena privativa de la libertad, terminología de la Revolución Ciudadana, antes se llamaba, simplemente, prisión. El Presidente, asimismo, defendió a un exministro del Deporte, quien fue sentenciado por algún delito, y ahora está en fase de investigación fiscal por alguna otra “travesura” que el tiempo dirá si en realidad se dio o fue mero invento de los “sufridores”.

Estos casos demuestran que aquel estribillo de “manos limpias, corazón ardiente” es un eslogan de campaña para impresionar a incautos electores ¡Cuántas otras “habladurías” circulan entre los ecuatorianos! El tiempo será el encargado de dejarlas como tales, o de demostrar que las manos limpias eran tan sucias que estaban percudidas.