Vicente Albornoz Guarderas

Progreso con petróleo barato

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Entre agosto de 1992 y agosto de 1996, el barril de petróleo ecuatoriano se vendió, en promedio, en $15, lo que, ajustado por inflación, equivale a unos 24 dólares actuales. Pero a pesar de ese bajo precio, la pobreza se redujo, la economía creció y la inflación cayó.

Eso significa que durante el gobierno del recientemente fallecido Sixto Durán Ballén se manejó bien la economía.

Veamos los datos. Según el SIISE, a diciembre de 1992 a los cuatro meses de iniciado el gobierno de Durán Ballén, el 60,1% de la población de las ciudades del Ecuador era pobre. Para diciembre del 1996, ese dato se ubicaba en 40,3%. En otras palabras, hubo una caída de 20 puntos, algo espectacular pues significa que uno de cada cinco habitante de las ciudades dejó se ser pobre en cuestión de cuatro años.

La caída de la pobreza se debió, básicamente, a dos factores: la reducción de la inflación y el crecimiento de la economía. La relación entre inflación y pobreza viene porque cuando suben los precios, la gente pierde poder adquisitivo y puede pasar a ser pobre, incluso si no pierde su fuente de ingreso.

A su vez, la relación entre crecimiento económico y caída de la pobreza es bastante obvia porque cuando un país produce más, hay más riqueza que repartir y esa es el arma perfecta para reducir el número de pobres.

Y en el gobierno de Sixto, la inflación cayó significativamente. Cuando él llegó al poder, estaba en 53%, su programa de ajuste inicial la subió a 66%, pero para el fin del gobierno había caído a 25%. Mientras tanto la economía creció, en promedio al 2,7%. Ese valor (levemente mayor al promedio del período) fue más que el crecimiento poblacional y permitió aumentar la riqueza “por habitante”.

Y esa combinación de crecimiento y estabilización de precios logró esa espectacular caída de la pobreza que debería ser el tomada como uno de los principales legados de ese gobierno.

La receta para ese éxito estuvo en varios elementos de política económica. La inflación cayó porque se logró equilibrar las finanzas públicas (ahorrando, en una época en que hacerlo no era mal visto). La apertura de la economía también ayudó a frenar los precios por la competencia que generaban de productos importados.

Y el crecimiento se dio porque el sector privado vio la posibilidad de invertir en un país donde no les cambiaban contantemente las reglas y donde la apertura con Colombia abrió un importante mercado en el norte.

Tan saludable estuvo la economía que, aunque con sacudones, continuó su ritmo de crecimiento a pesar de una guerra, el desastre natural de la Josefina y el golpe de expectativas que significó la salida del vicepresidente. Y todo sin depender del precio del petróleo.