León Roldós

¿Problemas personales?

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Del pensamiento de Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C.) salió la máxima que nunca hay que olvidar, que los seres humanos “somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio”.

Y no se trata de callar por miedo, sino que es aconsejable pensar sobre las palabras y las acciones antes de hablar y de actuar.
Quizás demasiada lógica para quienes tienen espacios de poder, de modo que creen que siempre serán inmunes.

Con el presidente Correa lo vivimos permanentemente y potenciado en las sabatinas.

En su momento, el Presidente asumió la defensa del ministro Carrión, de la Cartera del Deporte; también, en el caso Cofiec y respecto a Pedro Delgado, los casos más conocidos, además de otros. Defensa en las palabras y hasta homenajes, cuando se produjeron las acusaciones que luego se convirtieron en indagaciones y en procesos penales.

Ya con los procesos en trámite, el Presidente siguió sin admitir sus culpabilidades, pero tampoco continuó su defensa, en caso contrario no habrían seguido los procesos. ¿Encubrimiento y protección a conciencia? Para nada, solo por no dar crédito a los contrarios, asumió tales defensas.

En el caso de Delgado, hasta con autorización de salir del Ecuador, porque le ofreció regresar y, luego, no lo hizo.
En el caso de los helicópteros Dhruv, el Presidente debió dejar el tema entre lo técnico y lo financiero. Pero, el día sábado 17 de octubre –y días atrás- lo asumió con una pasión inesperable.

“Fue una buena compra, pero con mala suerte, y hasta negocio se hizo cobrando los seguros”, sería un resumen de lo que se dijo. Podría ser en lo de los seguros, hasta macabro por haber personal de la Fuerza Aérea que falleció. Se parecería a la expresión cruel del que comenta la muerte por accidente de una persona, pero agrega “su cónyuge y sus hijos quedaron hasta mejor económicamente, porque cobraron un seguro que les mejoró la calidad de vida”, lo que encaja en la expresión vulgar “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

Y de seguido, los calificativos contra el asambleísta Andrés Páez: “mentiroso, demente, canalla, politiquero corrupto”, entre otros, y la invitación a enfrentarse al más común estilo pendenciero, que fue aceptada por Páez, en una misiva también con frases muy hirientes, hasta pidiéndole al Presidente que no haya “arañazos ni carterazos”.

En Radio Democracia, el martes 20, el secretario de la Presidencia, Omar Simon, habría expresado: “El Presidente lo conminó -a Páez- a arreglar uno a uno, vis a vis, sus problemas personales. En mi condición de Secretario me ofrezco a agendar ese encuentro. Y que se resuelvan de una vez los problemas personales”.

¿Problemas personales? Estamos locos como país. Y esto cuando la economía está en riesgo de una profunda crisis.

lroldos@elcomercio.org