14 de July de 2010 00:00

Presos de conciencia

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Sebastián Mantilla Baca

Si los estudiosos de la realidad cubana no siguen deformando e interpretando a su antojo lo sucedido en las últimas décadas en la isla, tal vez algún momento se hará más evidente que esta tiranía de los hermanos Castro ha sido uno de los ejemplos más notables de superchería, abuso y despotismo en la historia de la humanidad.

En la región se expanden regímenes supuestamente socialistas, al mismo tiempo se pisotea la esencia de las gestas revolucionarias y se vulneran derechos fundamentales : libertad e igualdad.

52 presos políticos serán puestos en libertad no tanto por la benevolencia de Raúl Castro -títere de su hermano- sino por la presión internacional, la mediación de la Iglesia y el Gobierno español pero sobretodo por seres excepcionales como Guillermo Fariñas, quien, luego de 134 días de huelga de hambre, ha enviado un mensaje de alerta a la comunidad internacional. Él, con otras 74 personas, fueron condenadas en el 2003 a 6 y 28 años de prisión por pensar diferente.

Lo que sucede en Cuba es insostenible. No solo me refiero a la grave y abusiva vulneración de las libertades sino también a la calamitosa situación económica, falta de empleo y miseria a la que se le ha sometido al pueblo cubano. Esto no es resultado del embargo de los EE.UU. Es resultado de un régimen tiránico que no le rinde cuentas a nadie, de la inexistencia de democracia y de alternabilidad del poder a través de elecciones libres, de un modelo económico fracasado. Nos han vendido ficciones. A excepción de los reyes sin trono y del séquito alienado que usufructúa del poder, en Cuba hay opresión y explotación como en cualquier país capitalista. Es una sociedad de clases no basada en la división social del trabajo sino en el acceso a los círculos de poder. La sociedad cubana está sometida al dominio de una casta política, disfrazada de partido de la revolución. Este dominio -como decía Castoriadis para el caso de la ex URSS- se concreta como explotación económica, opresión política y avasallamiento mental.

Solo así se explica que situaciones inaceptables e intolerables como, la existencia de presos políticos en Cuba, sea algo natural.

Mientras eso sucede en Cuba, en nuestro país un grupo de vasallos orgánicos (en términos Gramsci) se friegan las manos porque tienen listo el mecanismo para aprobar la Ley de Comunicación. Ley para silenciar a la prensa, conculcar las libertades, consumar la impunidad y legitimar el autoritarismo. El Ecuador no se merece esto. Su futuro no puede ser truncado por una camarilla que quiere feriarse los últimos recursos del país. Debe ser una tierra donde los derechos, la paz, la dignidad y el progreso sean una promesa y un sueño inclaudicable.

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