Vicente Albornoz Guarderas

Es el precio...

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3 de June de 2012 00:03

El Gobierno ha criticado un posible sobreendeudamiento, pero parece olvidarse que algunas de las causas del aumento del crédito provienen de sus propias políticas económicas. Desgraciadamente, hay tanta ideología en esas decisiones que difícilmente se echarán para atrás en aquellas políticas, implementadas por ellos mismos, que han fomentado el crecimiento del crédito.

Empecemos por la más obvia: el precio. El Gobierno ordenó a mediados del año 2007 una reducción de las tasas de interés que cobran los bancos. Con esto, se redujo el "costo" del dinero (el precio del crédito). Y cuando el precio de algo baja, la demanda sube.

De esa manera, la orden gubernamental de reducir la tasa de interés fue un incentivo para que las personas se soliciten más créditos. En otras palabras, se "aumentó la demanda de créditos".

Lo curioso es que al momento de fijar las tasas, el Gobierno creyó que iba a afectar a los bancos, pero en ese tema sólo vieron la mitad de la historia y se equivocaron completamente, pues la realidad es que a los bancos tampoco les convienen que las tasas sean altas.

Porque cuando las tasas son muy altas, el riesgo de que los deudores tengan problemas es mayor. Por eso, el mundo ideal para los bancos es que haya tasas bajas para préstamos y tasas mucho más bajas para los depósitos. Así, los préstamos que se dan son más seguros y la ganancia está en pagar poco a los depositantes. De esa manera, al bajar las tasas por ley, el Gobierno afectó a los depositantes.

Y el otro precio, el precio del ahorro, también bajó, de manera que los ahorristas tuvimos una razón menos para dejar la platita depositada y una razón más para gastarla. Y, si las cosas cuadraban, para gastarse los ahorros y encima endeudarse en un préstamo artificialmente barato.

En resumen, los precios fijados por el Gobierno (directa o indirectamente), son una de las causas centrales para que los ecuatorianos ahorren menos y se endeuden más.

Pero la política dispendiosa del Gobierno iba a ayudar aún más a los bancos, pues les iba a proveer de abundantes depósitos, ya que con un gasto tan alto (el año pasado el gasto público llegó casi al 50% del PIB) la liquidez que se está inyectando en el sistema es enorme. Así, los bancos tienen abundantes recursos para prestar y, como el precio está artificialmente bajo, hay suficiente demanda de créditos.

Y esto se empeora aún más cuando se ve las tasas que fijó el Gobierno, pues son distintas según el tipo de crédito. Y una de las más altas es la tasa máxima permitida para los créditos de consumo. Así, una de las cosas más rentables que puede hacer un banco es dar préstamos de consumo.

Pero claro, liberar las tasas de interés y reducir el gasto público sería como reconocer que se equivocaron y eso nunca lo harán.