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24 de May de 2012 00:01

Hombre bueno. Un ser humano con su propia insignia. Irreverente y profundamente sensible. Tierno, emotivo, fresco. Mi gran amigo empezó a preparar sus tules y bártulos desde hace 5 años. Le fue quedando incomodo su abultado cuerpo.

Ya son lejanos los años cuando fatigados trepábamos por el camino a Bellavista para los primeros encuentros con las cámaras y las luces. Eran los tiempos del Canal 8. Allí estaba Leonardo Ponce, Evangelina Chauvin, Blasco Moscoso y Pancho Moreno. Ahí empezábamos Carlos Vera, Anita Granizo y yo nuestras primeras contorsiones en la comunicación.

En medio de tramoyas y escenografías aparecía esa voz monumental y despiadada. Me entusiasmó siempre su capacidad para organizar, para dar órdenes, para enfrentar, para producir.

Fue pionero en la radio con programas compañía, como se dice ahora, con Freddy Elhers. Radio Quito, eran los tiempos de los estudios enormes, las consolas enormes, los micrófonos enormes. “La voz de la juventud” nombre enigmático del programa radial.

Todo me parecía tan imponente. Me resultaba tan grande ese gordo barbudo y mal hablado. Varias veces lo vi transitar por el jardín de la casa de mi abuelo, asistíamos a la temporada en que México le permitió incorporar ese cantadito especial en su vozarrón salvaje.

Siempre estuvimos juntos en las tareas que los astros nos impusieron. Nos veíamos para reír, para cantar, para rezar y también para murmurar. Fantástico en sus cuentos, utopías y mentiras. Sus fábulas se llenaban de luciérnagas, pirotecnia y perversidades. Una capacidad magnífica para dobles sentidos, dislates y travesuras. Pocas veces he compartido con una persona tan traviesa, tan diáfana en sus zanganadas. Todo un camino en la existencia cruzado por amores, desilusiones y enjambres interminables de enamoradas, pretendientes y novias. Varios matrimonios y todos los estados civiles posibles: soltero, casado, divorciado, viudo y unión libre. Siempre espontáneo, fue un padre justo, abnegado e intachable.

Inquieto por la política, persistió por las causas justas. Su itinerario se encauzó por las propuestas de avanzada y progresistas. Defensor de la libertad: “El respeto al derecho ajeno es la paz” fue la divisa con la que caminó por los laberintos de la existencia. Por eso nos atormentó que haya optado por la prepotencia, la intolerancia y la ignominia de los fanfarrones del poder.

Apasionado por la cocina invariablemente nos congregó a sus amigos alrededor de la brasa para distribuir su energía y fortaleza. Fue un espíritu magnífico que enfrentó con coraje las vilezas del reino de este mundo.

Al Polo Barriga lo quisimos por los cuatro costados. Lo aquilatamos por su nobleza. Su itinerario vital ha sido esplendoroso, especialmente por haber sido un camarada incondicional.