Washington Herrera

La resiliencia económica del país

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Cuando se hace “política” (con minúscula) se trata de contentar a los electores con medidas generosas, a sabiendas de que pueden incidir negativamente en la sostenibilidad de los equilibrios económicos fundamentales.

Cuando un estadista quiere hacer “Política” (con mayúscula) mira hacia adelante con seriedad y responsabilidad, para imprimir una estabilidad creíble a largo plazo, arriesgando el capital político del corto plazo en aras de una acción perdurable e histórica.

Si bien la recesión ecuatoriana puede ser revertida mediante un programa de ajuste ordenado, con el decidido apoyo de los organismos multilaterales de crédito, el estadista debe pensar también en dotar al Ecuador de la resiliencia suficiente para enfrentar estas complejidades. Este concepto derivado de la Psicología significa la capacidad de una persona, de un grupo, de una ciudad, de un país, para recuperarse frente a la adversidad a fin de seguir proyectando un futuro mejor. Porque ciclos de crisis siempre habrá.

Para todo esto, es preciso que haya un ambiente exento de turbulencias políticas para, con serenidad colectiva, hacer una cirugía mayor o menor a la economía nacional, pues aquellas condicionan a la racionalidad y al acierto.

El manejo ordenado de la recesión debe partir del ejemplo del Gobierno para implementar una austeridad eficaz que sincere el nivel de gasto acorde con la situación prevaleciente. Solo así se podrá focalizar los subsidios en un ambiente de comprensión.
Ahora toca administrar la estrechez económica haciendo “Política”, ya que la recesión económica nos cambia la medida y naturaleza de un horizonte que va a ser distinto y nos obliga a repensar un desarrollo sin dependencia del petróleo, que nos conducirá, si hacemos cambios de fondo, a depender de las virtudes que nos dé la innovación implementada con éxito, para lo cual es indispensable mejorar la calidad del recurso humano.

La innovación debe surgir como producto de la mejor educación para todos, de los trabajadores, académicos y de los poseedores de los conocimientos técnico-científicos. Y debe impulsar a todas las empresas, grandes, medianas y pequeñas, a todas las que dan empleo, para modificar y mejorar la productividad existente y crear nuevos bienes y servicios con identidad nacional, innovando para añadir más valor a lo que ya producimos y comercializando con instrumentos digitalizados dentro y fuera del país.

Para todas estas nuevas realizaciones el estado debe exonerar de impuestos en forma total y urgente, para que surtan efectos prontos, y fomentar el crédito fácil para reactivar la producción, especialmente para exportar.

No se necesita mucho dinero para establecer estas líneas de crédito, quizá con facilidades similares a las que se están dando para la vivienda popular.