Francisco Carrión Mena

Cerrar fronteras para abrirlas

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Sin duda, el pasado 8 de septiembre, fue un día transcendental para nuestro país. En Puerto Ayora, provincia de Galápagos, se llevó a cabo un acontecimiento cumbre en el que participaron los Presidentes de Ecuador, Colombia y Costa Rica.

El motivo, la entrega de las cartas náuticas entre los dignatarios para formalizar la delimitación marítima que, si bien ya existía, culminaba así al más alto nivel.

Ecuador cierra sus fronteras en el mar con todos sus vecinos.

Con Costa Rica se da la vecindad por la superposición de las zonas marítimas que circundan a las Islas Galápagos y a la Isla del Coco, de ese país.

Tal situación exigía un acuerdo de límites a fin de que cada país pueda ejercer su correspondiente dominio en el mar.

Las negociaciones se iniciaron en 1979 y fue necesaria la perseverancia diplomática y técnica hasta suscribir un primer convenio en 1985 y, por último, uno definitivo que fuera ratificado por sus respectivas legislaturas y sancionado por sus Jefes de Estado.

Costa Rica lo hizo en octubre del año pasado y Ecuador en marzo último.

El caso con Colombia es más antiguo. Ya en agosto de 1975 se establecieron los límites tomando como referencia el paralelo que parte desde un punto medio en el río Mataje en la costa donde arriban los límites territoriales y se prolonga al mar.

La precisión exacta de ese punto se fijó años más tarde, en junio de 2012, mediante una declaración conjunta de los cancilleres Patiño de Ecuador y Holguín de Colombia, por lo que ya se encontraban vigentes desde hace cuatro años.

Conviene recordar que la delimitación marítima con el Perú se hizo de forma pragmática e inteligente, y en una coyuntura particular, mediante el intercambio de notas reversales, con valor de tratado de límites, en 2011.

De esta manera se reconoció lo ya convenido en los tratados tripartitos, que incluían a Chile, de 1952 y 1954 y en el Acuerdo de Paz de Brasilia de 1998.

Cerradas formalmente las fronteras del mar, ahora hay que abrirlas para trabajar conjunta y solidariamente en la protección del medio ambiente marino, la promoción de un desarrollo sostenible y actuar de manera coordinada en la investigación científica.

El Ecuador entero está de plácemes, no solamente gracias a la Revolución Ciudadana, como aluden algunas autoridades del gobierno que no pierden ocasión de resaltar su carácter refundacional, sino al eficiente trabajo de diplomáticos y de especialistas de la Armada bajo la conducción de todos los cancilleres que desde 1975 hasta la fecha se esforzaron en lograrlo.

Bien por el país, por la Cancillería profesional y, por supuesto, por la decisión política del gobierno.