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Hay buenos jueces en la Corte Nacional de Justicia, pero también de los otros, y estos dan más peso negativo a la opinión que se tiene de la Función Judicial. Poco conozco de
los que integran las Cortes Provinciales y de los jueces de primera instancia.

Lo que sé es que un gran porcentaje de todos los jueces que laboran en la Función Judicial, con las excepciones que siempre suele existir, son el resultado de procesos en que la política e intereses priman en su designación. “Por sus obras los conoceréis”, y a medida que pasan los días, las ‘obras’ van ‘descubriendo’ el porqué de ciertos nombramientos.

El todopoderoso Consejo de la Judicatura, ‘gerente-propietario’ de la Función Judicial, y al que muchos de sus miembros obedecen ante las represalias que puede adoptar en su contra, dictó los Reglamentos de Evaluación de Jueces de la Carrera Jurisdiccional y el de Evaluación de Jueces de la Corte Nacional de Justicia. En ambos instrumentos, “el promedio mensual de sentencias emitidas por un juez en un período determinado…” (sic) tiene un peso importante en la evaluación de los jueces.

En el Reglamento para los Jueces de la Corte Nacional, no se hace distinción al tipo de sentencia.

Tiene el mismo peso una de contenido profundamente doctrinario, con principios constitucionales, con un análisis de la legislación ecuatoriana y con re­ferencias a sentencias dictadas por jueces nacionales o extranjeros, que una simple sentencia en la cual se rechaza la demanda por haber sido presentada fuera de término, o porque no reúne requisitos de forma.

Lo importante para el Consejo de la Judicatura es el número, no la calidad de los fallos. Al peso, como cuando se va a comprar arroz o azúcar en la tienda de la esquina.

Como consecuencia de lo descrito es que en la actualidad la mayoría de las sentencias es de una pobreza jurídica absoluta.

Resalta la buena calidad de las resoluciones dictadas por muchos de los jueces de lo que se llamaba Corte Suprema de Justicia frente a las sentencias de la ahora denominada Corte Nacional de Justicia. Hoy no importa ser un juez probo, con conocimientos, respetable. Ahora el respeto se lo gana al peso.

Ser obediente en las causas con repercusión política también tiene un peso invisible, que se hace visible en la época de la calificación.

Muchas veces de lo sumiso que se es dependerá la permanencia en el cargo en la Función Judicial.

Según la reglamentación expedida por el Consejo de la Judicatura, los jueces con malas calificaciones pueden apelar ante la Dirección Nacional de Talento Humano, pero los afectados por la calidad de los jueces y sus pobres sentencias dictadas al apuro y al peso, ¿qué pueden hacer si la Corte Constitucional (cuarta instancia), obedece también disposiciones…?

¡Usted ya sabe!