Rodrigo Borja

La paz: recurso económico

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13 de January de 2013 00:01

La paz es el propósito decla rado de todas las culturas, filosofías, ideologías políticas, religiones y credos. Sin embargo, por todas partes está ella conculcada o amenazada.

Hace dos mil quinientos años Herodoto definió la paz como la época en que los hijos entierran a los padres y, la guerra, como la época en que los padres entierran a los hijos. El primer ministro de la India, Pandit Jawaharlal Nehru, afirmó 25 siglos más tarde que “la paz sólo ha sido una tregua entre dos guerras”. Y Benito Juárez, en la más lúcida de las definiciones, decía que la paz es el respeto al derecho ajeno.

Recuerdo que a comienzos de los 80, en una despejada y cálida noche, salimos a caminar por las retorcidas y empinadas callejuelas de la Lisboa bohemia Gonzalo Córdova, Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta, quienes asistíamos a una conferencia internacional. Alberto había sido canciller de Guatemala y Manuel, alcalde de su capital.

Cuando subíamos lánguidamente por una de las caprichosas callejas tenuemente alumbradas por faroles, Alberto nos comentó: — ¡Esto es maravilloso! ¡No saben ustedes lo que es caminar sin regresar a ver y sin cuidarse de que te apunten con un arma desde algún balcón! Esto no se puede hacer en mi país.

Claro, eran los tiempos de la indescriptible violencia política que se desató en Guatemala por más de tres décadas, con el saldo de 42.275 muertos —hombres, mujeres y niños— y un número no bien determinado de desplazados que va de quinientos mil hasta un millón y medio, según cifras presentadas por la “Comisión para el Esclarecimiento Histórico” en su informe de 1998.

Recuerdo que en esa noche Manuel Colom reprochaba a Alberto Fuentes Mohr su falta de precaución al andar sin la debida protección por las calles de Guatemala. Éste le respondió: “con guardia o sin guardia, igual nos van a matar”. Pocos días después, a mi retorno a Quito, leí consternado la noticia del asesinato de Alberto en una calle céntrica de Guatemala, por obra de sicarios de los escuadrones de la muerte. Pensé que Manuel había tenido la razón en aquel reproche de Lisboa. Pero pocas semanas después cayó a balazos Manuel Colom, con guardaespaldas y todo. Entonces cambié de opinión: tuvo Alberto la razón —trágica razón póstuma— puesto que, sin guardias el uno y con guardias el otro, corrieron la misma suerte.

La paz se nos va. Y su camino puede ser irreversible. Es responsabilidad de todos tratar de detenerla. Duele decirlo: el Ecuador ya no es “el oasis de paz en medio de una América Latina conmovida por la violencia”, como afirmé en mi último mensaje al Congreso Nacional. Y la paz —que no es solamente el silencio de los cañones sino también justicia social y equidad— es el recurso económico más importante con que puede contar un país..