2 de June de 2010 00:00

El papagayo de los Andes

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Benjamín Fernández Bogado

André Malraux, ministro de Cultura francés sabía mucho de literatura pero poco de geografía. Una vez creyendo que elogiaba a América Latina terminó insultándola en su ignorancia. Afirmó que quería ser como “los papagayos que mueren en los picos nevados de los Andes”(¡). Esta revelación que puede convertirse en noticia en cualquier parte del mundo porque lo dice quien lo dice, en realidad revela las notables ignorancias y contradicciones humanas y en especial de quienes viviendo en Europa o EE.UU. suelen opinar con frecuencia sobre nuestros gobiernos y nuestras cosas. Cierta vez le preguntaron a Gunter Grass, el escritor alemán que admira a Fidel Castro si ¿estaría de acuerdo con un régimen igual para su país? El silencio de la respuesta fue más que elocuente.

Hace unos días el cineasta norteamericano Oliver Stone dijo que no solo le gustaba el gobierno de Chávez -quien financió su último documental de entrevistas- sino que fue más lejos afirmando que “debería estar en televisión todo el tiempo” debido a sus características histriónicas. Estas declaraciones uno no sabe si tomarlas en serio o en broma pero revela el grado de distingos culturales que se hace cuando algunos refieren a los líderes del subcontinente especialmente cuando se viene de sitios donde la previsibilidad es sinónimo de aburrimiento y donde el orden legal es manifestación de un establishment aburguesado. Los elogiados por estos referentes repiten sin cesar el supuesto elogio con lo que el estereotipo de ignorantes y descerebrados de algunos termina siendo el parámetro para muchos que disfrutan de estos dislates como reafirmación de sus peores conceptos hacia nosotros aunque en el camino en realidad descubren los suyos.

La situación da para un análisis psiquiátrico y en el diván podríamos encontrar explicaciones desde el argumento de que muchos viven en nosotros sus fantasías revolucionarias aunque para nada quisieran renunciar a las comodidades del sistema que dicen repudiar. Al asumir estos dislates como afirmaciones inteligentes o lúcidas en realidad demostramos nuestra asimilación perfecta a los estereotipos de “indígena”, “inculto” o quizá: “ingenuo”. La América Latina que queremos vivir es aquella que respete la constitución y las normas, construya instituciones sólidas, se respalde en una justicia fuerte y previsible que nos permita evitar la migración de millones de connacionales que deben sufrir los peores vejámenes a su dignidad en los mismos países donde los elogiantes viven “una rutina y orden decadentes”. Stone puede ser un buen director de cine pero eso no le da licencia para atropellar el sentido común de los venezolanos y mofarse de los latinoamericanos. Así como Malraux podría alcanzar la cima más elevada de los Andes y jamás encontrar un papayo a su paso.

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