Alfredo Negrete

De Papa a misionero

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Se conoce el ambiente de trabajo espiritual y terrenal de un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica en Roma. Algunos que alcanzaron tan alto magisterio, se enajenaron con la parte principesca y otros nunca dejaron de ser siempre sacerdotes. Durante esa vida sacerdotal, sin seguir la carrera vaticana, algunos escogieron el camino de las misiones con todos los riesgos que implicaba. En el Ecuador, somos testigos de lejos de lo que hicieron esos valientes por evangelizar la Amazonía; también indirectamente, cuidar el patrimonio territorial. Algunos o muchos ofrendaron su vida en esas inexpugnables tierras.

Lo curioso es que al papa Francisco le ha tocado en su visita al Ecuador la suerte de un moderno misionero. Es probable que en la historia de los viajes de los últimos pontífices no hayan existido tantos cambios de agendas, que solo demuestran que, en materia de planificación, las cancillerías y jerarquías de los dos Estados hablaron un idioma que está por ser reconocido universalmente como es el de la confusión sumada a la improvisación.

Basta repasar las variantes, antes de que se agreguen otras: 1. El primer itinerario solo registraba la presencia papal en Quito. 2. Se movieron algunas fichas y luego se incluyó a Guayaquil. 3. Se impuso entonces una ruta lógica: Guayaquil - Quito - La Paz. 4. Algo debe haber molestado en las alturas capitalinas y se dio un nuevo cambio: Quito - Guayaquil - Quito - La Paz. ¿Y el estado físico del Pontífice? Bien, debe tener el visto bueno de sus médicos.

Luego vinieron los escenarios. Se acordó que en Guayaquil la gran ceremonia religiosa se realice en el santuario de la Misericordia y empezaron grandes movimientos de tierra para recibir a una multitud inconmensurable. A continuación se produjo el incidente con el Gobernador del Guayas que sugirió para una mayor seguridad para la multitud que el lugar adecuado sea el complejo de Los Samanes. Pública y de manera iracunda fue desalojado del cargo, cuando era posible hacerlo internamente; pero sin repiques, no hay fusilamientos notorios.

Antes del final surge un acontecimiento protocolario de importancia anecdótica, como es el diálogo del Canciller con los alcaldes de Quito y Guayaquil. A nivel del funcionario se convirtió en una suerte de Fra Angélico acolitado por unos acólitos obedientes.

Por lo menos en Guayaquil se pasó del ‘papamóvil’ al ‘sillón de Olmedo móvil’. El Vaticano parece haber hecho lo imposible por evitar un uso político; pero no tuvo éxito, solo falta que obliguen al Obispo de Roma a una absolución de todo el Gabinete.

Estos retratos de nuestra sociedad serán registrados, pues al Santo Padre le obligaron a un viaje típico de los misioneros: de aquí para allá. Lo que debiera registrarse también es que el pueblo ecuatoriano es desordenado, pero pacífico; católico por historia y devoción; ecuménico, pues respeta a otras religiones, y que desde un principio se adhirió a las formas de conducir a la grey de Jorge Mario Bergoglio.


anegrete@elcomercio.org