María Herrera Heredia

De tal palo…

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Columnista invitada

Como parte de la vida diaria nos enteramos los latinoamericanos de los incidentes que día a día suceden en nuestra querida región. Corrupción en Brasil, tráfico de influencias en Bolivia, represión y retroceso económico en Venezuela, asesinatos en América Central, violencia y narcotráfico en México, ambiciones de perpetuación en el poder... Son, entre otros, los eventos que hacen primera plana de periódicos y opacan cosas maravillosas como la majestuosidad de nuestras montañas, la inmensidad de recursos naturales, la sensibilidad y afabilidad de nuestra gente, etc.

Existimos sumidos en un círculo vicioso de pobreza, rentas bajas y dependencia de materias primas, soñando en alcanzar estándares marcados por la globalización, como fundamentales para clasificar a un estatus del mundo desarrollado, cautivos de naciones y factores que crean y manejan la ciencia y la tecnología y que no somos capaces de alcanzar.

Sin embargo, lo que sorprende ahora es el caos político que vive España, nuestra Madre Patria, pues se quiera o no nuestros ancestros están allí. Por aventura, equivocación o pura curiosidad lo cierto es que en 1492, dos culturas se fusionaron y su resultado fue un mestizaje de invalorables características, sin excluir desde luego los excesos que también se cometieron.
¿Cómo entender la búsqueda del poder de Gobierno por parte del PSOE, sin contar con los votos suficientes? Está clara la presunción de lograr un fin que no guarda coherencia con la majestad del poder entendido como la responsabilidad con un pueblo que espera intrínsecamente un líder con cualidades supremas.

Talvez allí está la explicación de toda la ambición de poder que se despliega a lo largo y ancho de nuestra región, con casos espeluznantes de mal manejo y apropiación de recursos públicos, comercialización de la vida a través de producción y oferta de narcóticos, pero sobre todo de codicia de poder insaciable, como mecanismo eufemístico de liderazgo, cuya ejecución ha dado como resultado miles de víctimas inocentes a lo largo de la historia.

La costumbre de esta prácticaha hecho callo en la vida de millones de personas, que ante la impotencia de cambiar el rumbo de sus formas de vida y lugares habitacionales ha debido callar, doblegarse y aceptar que muchas veces puede más la fuerza bruta que la lógica razón.

Lamentablemente, este triste capítulo de la península ibérica, cuyas encantadoras ciudades nos han seducidos más de una vez a recorrerlas con propiedad, nos lleva a recordar que también los problemas, ambiciones y malas prácticas de autoridad constituyen una herencia que llevamos en la sangre, igual que la piel mestiza y los apellidos hispanos.