Pablo Ortiz García

‘Resiste riendo’

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1 de agosto de 2014 00:00

Sucede en los regímenes autoritarios de todo tipo: se busca prohibir aquello que incordie al jefe. En algunas ocasiones piensan que quemando libros se hacen humo las ideas, cuando en realidad las avivan. En otras, persiguiendo a los opositores acusándoles de incitadores a la violencia. Suelen atacar a los periodistas y medios de comunicación, pero consiguen que el ciudadano común siga leyendo, aunque sea a escondidas, las columnas redactadas por gente que escribe con valentía y argumentos. Se pretende en estos tipos de sistemas políticos, “educar” a la población en aquello que al gobernante y a sus amiguetes les incomoda. Un ejemplo de eso es prohibir la venta de licores a partir de cierta hora y en ciertos días de la semana. Pero causa hilaridad, por decir lo menos, lo que expresó el Viceprimer Ministro turco, perteneciente a un Gobierno en extremo radical: “El decoro es un ornamento de las mujeres… No deberían reírse en voz alta delante de todo el mundo, ni hacer movimientos seductores”

¡Vaya disparate! Las mujeres calladitas, sin moverse ni reírse. Obedientes y sumisas. Esperando instrucciones para actuar. No sé en qué siglo transcurre la vida de ese funcionario público. Si hay algo que baja la tensión, ayuda a superar crisis, es el humor. La risa distrae de la realidad, aunque sea por instantes. Nos vuelve optimistas, y nos traslada a un mundo positivo. La risa hace que las cosas pierdan importancia. Crea defensas contra los ataques de ciertas personas que creen que prohibiendo se solucionan los problemas. Que el silencio, como en los cementerios, da felicidad. Que el miedo genera paz.
Volviendo a la triste expresión del Viceprimer Ministro turco, quien considera que por reírse de manera fuerte y en público se pone en peligro la sociedad y los valores familiares, demuestra que el señor vive alejado de la realidad cotidiana. Desconoce los beneficios de una carcajada espontánea. No aprecia lo lindo de una sonrisa (con el tono que se brinde), ni lo agradable de movimientos seductores de una mujer, algo innato y precioso en las damas. No ha disfrutado de una terapia de sana alegría, ni se ha divertido en una sesión en que el humor es el principal invitado, y las lágrimas de alegría el premio a la ocurrencia.

Las mujeres turcas reaccionaron de inmediato ante tal comentario. En las redes sociales pusieron fotos de ellas mismas riendo, agregando frases como “cada risa es una rebelión”, o “resiste riendo”, o “qué divertido Aric (nombre del Viceprimer Ministro turco), no me puedo aguantar”. Lo sucedido en Turquía, ¿no es acaso un ejemplo de lo que puede suceder con gobiernos autoritarios? En cierta nación sudamericana habrían creado la Superintendencia de la Risa… para regular, controlar y sancionar al humor. ¡Ja ja ja!

Pablo Ortiz García / portiz@elcomercio.org