Oswaldo Jarrín R.

El legado geopolítico regional

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Como una última bocanada de la paradigmática Guerra Fría, se realizó la visita del presidente Maduro a Cuba, para sellar de un plan de cooperación conjunta hasta el 2030. Con 100 000 barriles diarios de petróleo, Maduro trata de asegurar la lealtad y apoyo cubano contra la supuesta “guerra económica” desatada por sus opositores y por extensión contra los países de la Alba.

Anteriormente, firmó con Bolivia un plan hasta el 2025, para asegurar una doctrina latinoamericanista y antiimperialista de las FF.AA., que fortalezca el proceso independentista de los pueblos de la Alba.

La apertura de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba puede ser el resultado del inefectivo bloqueo, o puede verse este, como un obstáculo para el desarrollo económico de Cuba, según Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.

Sin embargo, otros comentarios inocuos se han apilado: un nuevo Plan Cóndor o se quieren romper los vínculos de los países revolucionarios. Son desafinadas declaraciones que no pueden aceptar la existencia de una clara alteración del balance geopolítico hemisférico.

La verdad es que el comercio, Internet y el acuerdo de seguridad en la navegación en las aguas del Caribe evidencian lo provechoso que resulta el ‘soft power’ (‘poder blando’), cuando se dan prioridad a los intereses y no a las ideologías provocativas y a la miopía de las visiones del futuro de los países de la región.
El interés económico, la preservación de la seguridad en la región más pacífica del mundo como son las Américas, dieron paso a una reflexión positiva de mutuo beneficio que parte de la eliminación de la confrontación ideológica en el siglo XXI.

La importancia estratégica del Caribe, la ampliación del Canal de Panamá y, en forma especial, el afianzamiento del proceso de paz en Colombia, fueron las ventanas de oportunidad, que se veían entorpecidas por el discurso retrogrado que no cabe en un mundo de interdependencia e internacionalización.

La República Popular de China, con sus 125 millones de préstamos en la región y su gran participación en la construcción de infraestructura y la proyectada construcción del Canal bioceánico en Nicaragua, tiene una marcada influencia política.

Rusia ha firmado convenios con Nicaragua y Venezuela, amén de su cercanía con Cuba, para la utilización de sus puertos y aeropuertos, apoyo en el combate al narcotráfico y con Bolivia para la creación de un centro energético regional.

Según John Kerry, se está abandonando la doctrina Monroe, al verse a todos los países como iguales y cooperando en temas de seguridad. Pero cuando el comandante de la flota naval rusa en Nicaragua dice que apoyará a este país en caso de una confrontación con Colombia, no se puede permitir que nuestro hemisferio se traduzca en una pieza de alivio de presión a las sanciones aplicadas por la anexión de Crimea.