Susana Cordero de Espinosa

Ornitólogo poeta

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Asisto a actos que rezuman autenticidad y vocación y pienso ‘esto es’… Como el taller que organizó el Fakir Editores, es decir, el catedrático y académico Álvaro Alemán y la escritora Gabriela Alemán. Vertidos sobre la publicación ‘más completa hasta el momento de la obra de Jorge Carrera Andrade’, reunieron su poesía, su magnífica traducción de los grandes poetas franceses de la primera mitad del siglo XX, la de haikus japoneses, y desarrollaron ‘la aplicación Aurosía, para comparar las distintas versiones de los poemas de Jorge Carrera Andrade’. Dos días de talleres; en San Diego, ante la tumba del poeta, emocionada lectura de poemas; muchos asistentes, mucha ilusión por escuchar estupendas ponencias en la USFQ y en la sede académica. Coros y orquesta con música creada para poemas de C. Andrade…

Vinieron Enrique Ojeda, ‘la primera autoridad mundial sobre C. Andrade’; M. Helena Barrera, Karina Marín, Ernesto Capello. Desde aquí, Irving Zapater, Martha Rodríguez, Eduardo Carrión, Iván Carvajal. Y Niall Binns, poeta, ensayista y editor de origen escocés, profesor de la Complutense, en Madrid. El encuentro culminó como lo habría querido Carrera Andrade, de estar vivo, con una ponencia que nos permitió viajar por la ‘inmensurable pajarera’ que son el país y América, estudio de uno de los más originales y cálidos intérpretes de Carrera Andrade, el naturista, artista y ornitólogo Juan Manuel Carrión: “Es América entera / inmensurable pajarera. // En el amanecer sonoro, / cada árbol es un coro. // Hay tantas alas en vuelo / que alzan América al cielo’.

Carrión, como Carrera Andrade, mide la vida desde las alas de los pájaros. Con ellos viaja y constituye su universo que, de tan particular, anhela ser el ámbito de todos. Al ‘narrarnos’ la poesía de C. Andrade desde su punto de vista de ornitólogo, abre a sus sueños alados nuestra sensibilidad… Las citas de su ponencia remiten a versos antiguos y bellos del poeta, a su constante, obsesivo amor por el vuelo.

‘Ancla de plumas / por los mares del cielo / la tierra busca’: si nuestros ojos ciegos ven golondrinas iguales, los suyos conocen 17 especies. Tejados, aleros, veletas, la Torre de La Merced son ‘mirador de golondrinas’ que (casi, como la vida) duran ‘lo que el buen tiempo y los follajes verdes’. Mientras Carrión sostiene que el colibrí es el ave emblemática de C. Andrade, “El colibrí, / aguja tornasol, // pespuntes de luz rosa / da en el tallo temblón // con la hebra de azúcar / que saca de la flor’, Carlos de la Torre Reyes sugiere que el ave preferida del poeta es el guacamayo: ‘El trópico le remienda / con candelas y oros su manto / hecho de todas las banderas”. Colores, alas, vuelos, trinos. “Tierra que nutre pájaros aprendices de idiomas…/ de donde vengo, libre, con mi lección de vientos / y mi carga de pájaros de universales lenguas”.

Están el loro ortólogo y la soledad de sal de las aves marinas. Y la muerte, pérdida de las alas…