Santiago Estrella

El gobernante ilustrado y los contertulios

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 24
Triste 3
Indiferente 6
Sorprendido 7
Contento 102

Ha pasado más de una semana del denominado debate entre el Presidente y tres economistas y todavía se habla de él. Es un signo. La gente, aunque solamente fuera el 15% de la población la que lo vio por televisión según Cedatos, tiene necesidad de escuchar respuestas económicas ante la ‘no-crisis’. Y no las tuvo. Por eso se sigue hablando porque si un economista dice salir más preocupado de lo que llegó, entonces más estará una población a la que la economía siempre será difícil de entender.

Pero hay otra razón que se puede conjeturar. Se trataba de un encuentro insólito porque el país se ha acostumbrado a un discurso del poder agresivo hacia el ‘otro’. Era, por decirlo así, un momento democrático. Pero ya se habló sobre los muchos minutos que tuvo el Presidente por sobre sus contertulios.

Esto se enlaza a esa imagen que muchos analizaron: una biblioteca detrás suyo que daba la imagen de un gobernante ilustrado. La imagen se completó en el momento en que entregó su tesis doctoral para que sus contertulios sepan que ese tema él lo domina.

Pero la estrategia falló. Haber dicho constantemente que sus contertulios estaban equivocados o invocar a los jóvenes para que descubrieran que los otros no decían la verdad es una posición que no se condice con la que debiera tener en verdad un hombre ilustrado.

Fue Kant el filósofo que dio a entender qué es un hombre ilustrado. Sostiene que es aquel que dejó la minoría de edad. Y la minoría de edad es “la incapacidad de servirse del propio intelecto , sin la dirección del otro”. Pero no es solamente eso, sino que descifra cuáles son los factores que causan esa dependencia intelectual y que bien puede ser aplicado a nuestros días. Dice Kant: “¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con solo pagar no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea”. ¿Nos pasa eso? Quizá por eso del debate se habla hasta ahora.