Óscar Vela Descalzo

No hay muerto bueno

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Contrariando el dicho popular de que “no hay muerto malo”, el fiscal Alberto Nisman, fallecido en circunstancias escandalosamente extrañas en enero de 2015, se ha convertido en un fantasma demasiado incómodo y conflictivo para la mayoría de personas e instituciones que, de un modo u otro, se han visto salpicadas con su caso, en especial el Gobierno argentino y sus acólitos.

La fábula del suicidio de Nisman, en las circunstancias en que se produjo su muerte, no se la tragaba ni siquiera un grupo de párvulos de guardería, pero de todos modos algunos medios oficialistas y otros de oposición se han encargado de enturbiar las investigaciones y sembrar dudas allí donde solo hay certezas.

Lo cierto es que en los 10 meses que lleva aproximadamente la investigación del suceso, el montaje teatral cambió su guión de forma radical y ya no se centró en lo que era obvio, el homicidio, sino que se enfocaron todas las luces al fondo del escenario, allí donde algún actor de reparto representaba al pasado del fallecido. Así, se descubrió de pronto que Alberto Nisman quizá no era un paladín de la justicia como parecía, pues se encontró una buena cantidad de dinero en una cuenta del extranjero no declarada en su país a nombre de su madre y de su hermana.

También se susurra en los corredores de los medios de comunicación y de las propias cortes que el fiscal tenía en sus manos otros procesos ‘calientes’ en contra de personajes importantes de la política argentina. Y por último, algún otro fantasioso lanzó la teoría de que Nisman tal vez se pegó el tiro jugando…

Todos estos argumentos: espurios, falaces, disparatados, solo han pretendido armar el caos y la confusión para desviar la atención del crimen hacia otros aspectos personales de la víctima y soltar una cortina de humo para encubrir a los principales sospechosos.

No debe extrañar a nadie que este crimen y su consiguiente escándalo mediático también hayan contribuido con los inesperados resultados electorales del domingo anterior en los que el candidato oficialista, Daniel Scioli, que a la luz de las encuestas gobiernistas iba a obtener una rotunda victoria en primera vuelta, se haya visto sorprendido por el ascenso vertiginoso de la candidatura de Mauricio Macri. Según ciertos analistas políticos, el cambio repentino en la tendencia se produjo la semana anterior a la elección y por esa razón las encuestadoras no pudieron prever el resultado final.

En el contexto político populista de la Argentina, todas las excusas son parte del mismo cuento que se ha montado para mantener a flote un Régimen que hace agua por todos su flancos.

Hay varias moralejas posibles en esta enorme fábula argentina, una para cada escándalo, para cada vergüenza nacional, para cada acto de corrupción, para cada fortuna adquirida de modo ilegítimo, pero al menos en lo que respecta al caso Nisman la lección parece ser que hay muertos que hacen más daño que los vivos, y frente a los vivos con poder, no hay muerto bueno.