María Cárdenas R.

Tolerancia y Libertad

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El mundo gira alrededor del terror y todos quieren paz. La humanidad no está dispuesta a ceder, quiere democracia. La verdad es que no nos dejaremos vencer por el miedo de los extremistas, vengan estos de la derecha, la izquierda o sean puros revolucionarios, pues lo único que demuestran es poca tolerancia. No podemos ni debemos callar, nuestros lápices están para escribir y dibujar, nuestras voces para demostrar, nuestros cerebros para mantener vivos los pensamientos y la inteligencia para guiar todas nuestras acciones hacia los mejores senderos.

La democracia no puede sobrevivir sin libertad y la libertad no puede sobrevivir sin la libertad de expresión, un derecho adquirido el mismo día que nacimos. La tolerancia nos lleva al respeto y, este noble, maduro e inteligente atributo, a aceptar a aquellos que nos rodean, sin importar cuán diferentes seamos. Aquellos que disparan y matan, aunque no es necesario hacerlo con armas y munición, lo hacen como antaño, con la injusta persecución, los juicios ridículos, en nombre de la religión, la propaganda, los discursos en los medios, aquellos que son los únicos que no tienen censura y, así, sin pistola ni kalashnikovs en mano, intentan matar los pensamientos y las ideas. Aquellos que tienen religiones o ideologías similares, pero no son extremistas, sino que viven del equilibrio, centrados y en base al respeto, sufren por aquellos que abusan por su inseguridad o hambre y ambiciones desmedidas.

Así son los extremistas, aquellos que abusan de una religión o una ideología política, para encerrar, atemorizar, callar y sí, en sus estadios más extremos, a ensangrentar la historia con cuerpos de inocentes. Así, como en las épocas de la barbarie, aparecen de nuevo los mismos personajes, unos vestidos de barba y turbante, otros detrás de la última moda y peinadas a diario en manos en de expertos, otros con cara de “yo no soy nada sino su representante en la tierra” y otros con camisas bordadas. No se dan cuentan que, cuando se lanzan a la arena política, ellos mismos o sus dioses o ideologías serán juzgados por la opinión pública. Ellos lo han hecho libremente, sin una escopeta en la sien y luego cuando ellos creen que su nombre, honor o ideología y hasta en nombre de la religión, se sienten culpables y como animal herido se lanzan sin piedad pero con todo el poder contra los inocentes que sólo expresan libremente lo que sienten, lo que viven, desde sus humildes pero válidos puntos de vista.

Quienes no son tolerantes, son extremistas y ya sea de palabra o de acto, la agresividad les acompaña, para ellos la violencia de todo tipo es su pan de cada día, corrompen a niños, jóvenes y adultos, aquellos que se pierden en la vida y creen encontrar un futuro.Se valen de las armas modernas, de la televisión, del internet y su inmensa fuerza globalizadora, manipulan sin piedad, no respetan ni sus propias vidas, menos aún las de los demás.Las diferencias nos hacen fuertes, una comunidad global, en la que todos debemos respetarnos y respetar a los demás. Reforcémoslas y no dejemos que nuestro lápiz, voz, expresión, callen.