Lolo Echeverría Echeverría

Las formas de inmortalidad

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lecheverria@elcomercio.org

El pavor que tenemos ante la muerte se manifiesta de formas contradictorias, o nos acercamos a ella o nos alejamos de ella. La evasión es una forma de alejarse y es la forma que está adoptando nuestra civilización con servicios funerarios cada vez más cortos, más asépticos, más simbólicos. El ancestral procedimiento de la cremación ha vuelto y es una forma de borrar los rastros de la muerte. La otra reacción es acercarnos a ella, establecer alguna forma de familiaridad, mantener el recuerdo, conservar a los muertos. La celebración anual del día de los muertos se inscribe en esta segunda forma de manejar el tema de la muerte y concebir el sentido de la vida.

La costumbre actual de mantener el cuerpo congelado es también una forma de acercarnos a la muerte con la esperanza de derrotarla. Ya existen hombres de ciencia que predicen la inmortalidad mediante la manipulación genética para curar las enfermedades y la vejez. Es el sueño de la vida eterna en este mundo conocido y no en mundos inimaginables como los que nos proponen las religiones. La inmortalidad tiene otras formas, la fama, el nacionalismo, sobrevivir no como individuo sino como especie. Experimentos sobre la conducta humana demuestran que somos más propensos a creer en la inmortalidad cuando más cerca tenemos a la muerte y cuanto más pensamos en ella.

En lo dicho se agotan las formas de inmortalidad que hemos logrado concebir. El filósofo Stephen Cage las resume en cuatro: primera la esperanza en la todopoderosa medicina con todas sus alternativas, desde el elixir de la vida hasta la nanotecnología o las células madre. Segunda, la esperanza en Dios todopoderoso que nos ofrece dos formas de eternidad, como resurrección del cuerpo para volver a vivir, o como liberación del cuerpo y vida eterna del alma o el espíritu. La cuarta forma de eternidad es la fama, la vida eterna en la memoria de los demás.

Cada quien se aferra a lo que le resulta más fácil creer y algunos se aferran a la pretensión de no creer en nada. Lo cierto es que el temor a la muerte es el precio que pagamos por ser inteligentes. La conciencia de la muerte resulta un privilegio y un castigo. Cuando muere un amigo o un pariente cercano, o cuando celebramos el día de todos los muertos, volvemos a enfrentar el misterio, volvemos a sufrir y volvemos a aferrarnos a una de las formas de inmortalidad.

La evasión procura reducir el sufrimiento que nos provoca la muerte y hay muchas formas de evasión. Epicuro proponía una racional: la muerte, decía no es nada para nosotros porque “cuando estamos aquí, la muerte no está, y cuando la muerte llega, ya no estamos”. El humor es otra forma de evasión, por eso hay tantos chistes acerca de la muerte. Woody Allen decía sobre la eternidad de la fama: el problema es que no quiero vivir en la memoria de los demás sino en mi departamento.