Walter Spurrier

La industria colombiana

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Con alarma revisa la publicación colombiana Semana el cierre de fábricas de multinacionales en Colombia.


En los últimos dos años cerraron las usinas de llantas, gomas de mascar, automotores y medicamentos, afectando sobre todo a la zona de Cali, donde se instaló gran parte de las multinacionales.

El motivo, señala la revista, es el tratado comercial con Norteamérica, y no por los EE.UU. sino por México. Con el comercio liberado, conviene a las multinacionales servir al mercado colombiano desde México, por economías de escala y costos específicos más bajos entre ellos mano de obra. Hay el peligro que “Colombia se pueda volver parte de la órbita externa de México”, sentencia Semana.

Lo sucedido a Colombia no debe sorprender a los ecuatorianos. Lo mismo le pasó al Ecuador cuando bajamos a cero los aranceles entre Ecuador, Colombia y Venezuela y erigimos una barrera para los importados de terceros países (Perú se mantuvo a margen).

De manera inmediata, las multinacionales nos trataron como un solo mercado, y centralizaron la producción para el grupo andino en un solo país, el más avanzado y de mayor mercado interno: Colombia. La economía de México es 3,3 veces la de Colombia, y la de Colombia es cuatro veces la de Ecuador.

En la segunda mitad de los años 90, en Ecuador cerraron muchas más fábricas que las cuatro que vienen de cerrar en Colombia, una de ellas que entonces producía chicles. Redujeron el personal administrativo pero mantuvieron intacto el cuerpo de ventas. Pasaron de ser productoras a importadoras. Nos volvimos parte de la órbita externa de Colombia.

Con todo lo negativo de las medidas proteccionistas del año pasado y este, en parte es una respuesta dilatada a esta desindustrialización de los años 90.

Hoy ya el arancel externo común quedó para el olvido, y si bien Ecuador tiene un déficit importantísimo en el comercio con Colombia, se debe a que los colombianos defienden el espacio ganado en tiempos de la protección y venden a mejor precio.

Ahora, además, crece el déficit con México, puesto que las fábricas que cerraron en Colombia vendían al Ecuador y ahora probablemente estamos siendo suministrados por México.Esa triste situación es el reverso de la medalla. Por el otro están las actividades ganadoras, los productos que Colombia coloca competitivamente en el enorme mercado norteamericano.

Los colombianos no son ningunos ilusos que firman un acuerdo para perder. El mundo pasa por una etapa de globalización, y no es posible encerrarse para producir exclusivamente para el mercado interno lo que internacionalmente se vende a precios más bajos.

Esa es también la política que nos toca seguir. Promover las industrias que podemos exportar, y aquellas que pueden sustituir importaciones sin afectar al consumidor.


wspurrier@elcomercio.org