Martín Pallares

Entréganos la herencia o véndela

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La idea que Rafael Correa tiene sobre “democratizar la sociedad” podría parecer curiosa o hasta contradictoria. Es que resulta que, según Correa, se democratiza la sociedad obligando a quienes no tienen con qué pagar sus impuestos a la herencia a deshacerse de ella. “Si no tienen tendrán que vender acciones y se democratiza la sociedad”, aseguró en una de sus entradas a Facebook.

En otras palabras, si no puedes pagar el monto que yo fijo arbitrariamente como Estado, tendrás que vender tu herencia, quieras o no. Y si puedes pagar, para el caso de herencias sobre los USD 849 000, tienes que darme hasta el 77,5%; es decir, casi todo lo que te tocaba.

Que alguien entienda como democrática la enajenación de la propiedad a través de métodos que son coercitivos podría parecer algo muy curioso o irónico, porque eso no tiene absolutamente nada de democrático. Peor aún si aprobar impuestos es, en la realidad, facultad exclusiva de quien hace la afirmación.

Pero cuando se trata de Correa, no hay nada de curioso en que hable de democratizar a la fuerza. En su caso, esto es más bien coherente y responde perfectamente a su perfil ideológico y humano. Si no tuvo empacho en que las utilidades de los trabajadores de las empresas de telefonía móviles pasaran a ser propiedad del Estado, y si tampoco tuvo empacho en decidir por sí y ante sí que los ahorros de los maestros tenían que ser administrados por el Estado, no tiene nada de extraño que ahora pretenda que ese mismo Estado se apropie de las herencias de quienes han tenido éxito y han logrado acumular algo importante durante sus vidas. Despojar a la fuerza, como ocurrió en el caso de los maestros, para entregar a otros es una línea de comportamiento, por lo que no hay que sorprenderse que se pretenda ahora enajenar, de hecho, ciertas herencias.

Tampoco hay que sorprenderse de otras cosas. Por ejemplo, que a Correa le importe un rábano que la inversión se vaya al demonio y que muchos ecuatorianos estén pensando en asentarse con sus reales en otro país. Es más, no sería raro que esa posibilidad le resulte particularmente grata.

¿Absurdo? Quizá, pero no imposible si se toma en cuenta lo que dijo en Cuba, en enero del 2009, con un claro dejo de admiración. “La burguesía cubana se fue del país, los enemigos están fuera básicamente y muy claramente identificados. En Ecuador, la burguesía se quedó adentro y trata de torpedear todos los procesos de cambio desde adentro, a través de una llamada prensa libre que en verdad es prensa en función de ciertos privilegios e intereses; a través de supuestas cámaras de producción; a través de ciertos sectores de la iglesia; a través de supuestas organizaciones sociales. Nuestro proceso lleva menos de dos años y no se imagina todos los obstáculos y ataques que hemos tenido que enfrentar”.

Quizá con este impuesto se quite de encima esos obstáculos de los que hablaba en el 2009.

mpallares@elcomercio.com