Gonzalo Ruiz

Obama mirando al sur

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Casi en el epílogo de sus dos períodos presidenciales el Presidente demócrata de Estados Unidos decidió hacer un viaje a dos países latinoamericanos.

Barack Obama escribió páginas políticas importantes en la Cuba gobernada por el Partido Comunista, con un presidente que peleó en la guerrilla y derrocó a la dictadura - Raúl Castro -, junto a su hermano, emblema viviente de toda una época: el comandante Fidel.

La visita a la isla sembró grandes expectativas sobre cambios rápidos, algo difícil de concretar de manera precipitada.

Si solo se logra levantar el bloqueo - embargo, desde la perspectiva de Estados Unidos - y entregar Guantánamo a la soberanía cubana sería un hito. Desmontar ese símbolo de ocupación - aunque haya un documento legal - podría ser todo un mensaje para desbaratar ese escarnio para los derechos humanos que simbolizan las celdas de los detenidos en esa base militar.

Si, además, se impulsan los pasos para la apertura a la libertad de empresa de los cubanos, a abrir la baraja de la participación política y se encuentra espacio para la libertad de expresión, sería un cambio significativo. Si alguien, solícito, le haría caso al presidente Raúl Castro y le facilita la lista de los presos políticos y se cumple con su liberación, el símbolo sería clave.

La apertura hacia una democracia a la manera occidental no es una cosa mágica ni fácil pero es un anhelo de millones de cubanos dentro y fuera de la isla, para los que viven en el exilio cuyos rigores se espera se suavicen y puedan, de una vez por todas, volver cuando quieran y puedan a su patria y aportar con mente abierta a los cambios que deben sobrevenir.

Cualquier periodista daría lo que quiera por entrar en la cabeza de Raúl Castro para saber lo que sintió al recibir con tanta cordialidad a un símbolo de aquel imperialismo que antes con tanta vehemencia combatió. Igual inmersión en el pensamiento de Barack Obama sería otra historia invalorable. Cuando Obama dejó la isla, calibraría el calor de su gente y probablemente procesaba la magnitud de la página escrita con esta visita. Esas ideas alcanzarían un valor superlativo.

Igual cosa debió ocurrir durante el largo vuelo que atravesó por horas el espacio aéreo del gigante sudamericano, Brasil, el país de Lula y Dilma, ahora envueltos en un escándalo de corrupción que salpica a todos los partidos desde la izquierda del Partido de los Trabajadores y las gigantes empresas capitalistas de construcción.

Obama, en la tierra del tango, que se atrevió a bailar al estilo James Bond, contiene un mensaje político evidente para toda la región. Una apuesta por los cambios que lidera Mauricio Macri, y un episodio cerrado con la cara más agria del populismo kirchnerista y su discurso antiyanqui.

Obama y su esposa Michelle dejaron mensajes sentidos y buenas vibraciones en Argentina tras sobrevolar a gran altura sobre el gran Brasil y dejar la semilla en Cuba: la esperanza de un cambio.